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ADVOCASIONES MARIANAS 

1846 La Reina del Cielo , La Salette Francia

 

El 19 de septiembre de 1846 la Santísima Virgen María se apareció en La Salette, Francia, a dos pastorcitos naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años, y Maximin Giraud de once. La Santísima Virgen les confió un secreto, unas advertencias para los tiempos venideros: "el Secreto de la Salette."

La Aparición de La Salette fue aprobada por el obispo de la diócesis, y reconocida por S. S. Pío IX; (y los Papas siguientes.) El 19 de septiembre de 1851, quinto aniversario, Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo ordinario de la diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que entre otras cosas, dice:

«Juzgamos que la aparición de la Sma. Virgen a dos pastores el 19 de septiembre de 1846, en la parroquia de La Salette, arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera, y los fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. ... Por tanto, prohibimos a los fieles y sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos.»
 

 

 

 

Los videntes describen a la Señora dando los siguientes detalles:
"Está muy apenada. Es muy alta y bien proporcionada, como muy ligera, majestuosa, impone rasgo y atrae. Sus ojos dulces, de mirada penetrante, parecen hablar. Su vestido blanco plateado, luminoso; sobre su cabeza un velo de tisú le cubre el cabello y las orejas. Encima, una corona bellísima formada por rosas de diversos colores. Las flores se van cambiando y despiden rayos de luz. De la corona salen hacia arriba unos ramos de oro y brillantes. Rodean al cuello, como collar, dos cadenas, una más corta formada por anillos, otra más larga ancha junto a la cual se ve una guirnalda de rosas.


"La cadena más corta tiene colgado un crucifijo, la cruz de oro y el Cristo de color natural, resplandeciente, cerca de un extremo de la cruz había un martillo y del otro unas tenazas. Lleva también un delantal atado a la espalda, no dorado. Los zapatos son de un blanco plata, con broche de oro y rosas. Lo que más recalcaron los videntes eran los rayos que despedía; la intensidad de la luz, mayor que el sol pero que no enceguece.

 

Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximin. El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como el "Secreto de la Salette." Un extracto del mismo fue publicado en 1879 por Melanie, con imprimatur del Obispo de Lecce, Italia.-
Y en 1922 se dio a conocer el texto completo, con Licencia del Reverendo Padre Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio, (la Sagrada Congregación de la Fe.)

 

 

LA APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN LA MONTAÑA DE LA SALETTE

 

 

El 18 de setiembre, víspera de la santa Aparición de la Santa Virgen, me encontraba sola, como de costumbre, cuidando las cuatro vacas de mis amos. Hacia las once de la mañana ví venir hacia mí un muchachito. Al verlo, me asusté, pues me parecía que todo el mundo debía ya saber que yo huía toda clase de compañía. El niño se me acercó y me dijo: —"Pequeña, voy contigo. yo soy también de Corps". Ante estas palabras mi mal genio se hizo ver enseguida, y retrocediendo unos pasos, le dije: —"No quiero a nadie aquí, quiero estar sola". Luego me alejé, pero el niño me seguía diciéndome: —"Vamos, dé-jame estar contigo, mi patrón me dijo que viniera a cuidar mis vacas con las tuyas; soy de Corps".

Me alejé de él haciéndole saber por señas de que no quería a nadie allí. Una vez alejada, me senté sobre la hierba. Allí conversaba con las florecitas de Dios.

Un momento después miro detrás de mí y encuentro a Maximin sentado muy cerca. Enseguida me dijo: "Déjame estar a tu lado, me portaré bien". Pero mi mal genio no entendió razones. Me levanto con precipitación, huyo un poco más lejos sin decirle nada, y me pongo a jugar nuevamente con las flores de Dios. Al instante, Maximin estaba otra vez allí diciéndome que se portaría bien, que no hablaría, que se aburriría estando solo, que su patrón le había mandado con-migo ... etc. Esta vez tuve lástima, le indiqué que se sentara, y continué con las flores de Dios.

Maximin no tardó en romper el silencio; se puso a reír (creo que se burlaba de mí) ; lo miro y me dice: —"Divirtámonos, juguemos a algo". No le contesté nada, pues yo era tan ignorante que, habiendo estado siempre sola, no comprendía nada acerca de jugar con otra persona. Me entretenía sola con las flores y Maximin, acercándose a mi lado, no dejaba de reírse, diciéndome que las flores no tenían orejas para oírme y que debíamos jugar juntos. Pero a mí no me gustaba el juego que me proponía. Sin embargo, empecé a hablarle, y él me, dijo que pronto iban a terminar los diez días que debía pasar con su patrón y que luego iría a Corps a casa de su padre, etc.

Mientras me hablaba, se oyó la campana de la Salette; era el Angelus. Con un gesto le indiqué a Maximin que elevara su alma a Dios. Se descubrió la cabeza y guardó silencio por un momento. Luego le dije: —"¿Quieres comer? —Sí, me dijo. Vamos. "Nos senta­mos; saqué de mi bolsa las provisiones que me habían dado mis patrones y, según mi cos­tumbre, antes de cortar mi pequeño pan redondo hice una cruz sobre él con la punta de mi cuchillo y un agujerito en el medio, diciendo: —"Si el diablo está allí, que salga, si Dios está allí, allí se quede" y rápido, muy rápido recubrí el agujerito. Maximin lanzó una car­cajada y dio un puntapié a mi pan que se escapó de entre mis manos, rodó hasta el fondo de la montaña, y se perdió.

Yo tenía otro pedazo de pan. Lo comimos juntos. Después, jugamos. Luego, dán­dome cuenta que Maximin debía tener necesidad de comer, le señalé un lugar de la mon­taña cubierto de pequeños frutos. Le aconsejé comer algunos, cosa que hizo de inmediato; comió, y trajo su gorra llena. Al anochecer, bajamos juntos la montaña, y nos prometimos volver a cuidar juntos nuestras vacas.

Al día siguiente, 19 de setiembre, me encuentro caminando nuevamente con Maxi­min; trepamos juntos la montaña. Encontraba a Maximin muy bueno, muy simple y que hablaba con gusto de lo que yo quería hablar; era también muy dócil, sin aferrarse a su sentimiento; sólo era un poco curioso, pues, cuando yo me alejaba de él, en cuanto me veía detenerme, corría rápidamente a ver lo que hacía y oír lo que decía a las flores de Dios, y, si no llegaba a tiempo, me preguntaba qué había dicho. Maximin me dijo que le enseñara un juego. La mañana estaba avanzada; le dije que juntáramos flores para hacer el "Paraíso".

Nos pusimos los dos a la obra. Pronto tuvimos una buena cantidad de flores de dis­tintos colores. Se oyó el Angelus de la villa pues el cielo estaba sereno y sin nubes. Des­pués de haber dicho a Dios lo que sabíamos le dije a Maximin que debíamos llevar nues­tras vacas a un pequeño terreno, cerca de una pequeña barranca donde habría piedras para construir el "Paraíso". Llevamos nuestras vacas al lugar señalado y enseguida hicimos nuestra pequeña cena. Luego, nos pusimos a llevar las piedras y a construir nuestra casita que consistía en una planta baja que se decía ' nuestra habitación y Luego un piso encima que era, según nosotros, el "Paraíso".

Este piso estaba todo adornado de flores de distintos colores con coronas suspendidas de tallos de flores. El "Paraíso" estaba cubierto por una sola y ancha piedra que habíamos recubierto de flores; habíamos colgado también coronas a su alrededor. Terminado el "Pa­raíso" lo contemplamos; nos vino el sueño, nos alejamos dos pasos de allí, y nos dormimos sobre la hierba.

Sin hacerlo caer, la Bella Señora se sienta sobre nuestro "Paraíso".

II

Al despertarme y no ver nuestras vacas llamo a Maximin y trepo el pequeño montículo. Habiendo visto que nuestras vacas estaban tranquilamente recos­tadas, yo bajaba de allí y Maximin subía, cuando, de pronto, veo una bella luz más brillante que el sol, y apenas he podido decir estas palabras: —"¿Maximin, ves, allá? ¡Ah! ¡Dios mío! "Al mismo tiempo dejo caer el bastón que tenía en la mano. No sé qué de delicioso acontecía en mí en ese momento, pero yo me sentía atraída, sentía un gran respeto lleno de amor, y mi corazón hubiera que­rido correr más rápido que yo.

Yo miraba fijamente esta luz que estaba inmóvil, y, como si ella se hubiese abierto, percibí otra luz mucho más brillante, y que estaba en movimiento y, en esta luz, una Bellísima Señora sentada sobre nuestro "Paraíso" con la cabeza en­tre sus manos. Esta Bella Señora se ha levantado, ha cruzado un poco sus brazos, y mirándonos, nos ha dicho: "Acercaos, hijitos míos, no tengáis temor, estoy aquí para anunciaros una gran noticia " . Estas dulces y suaves palabras me hicieron volar hacia ella, y mi corazón hubiese querido estrecharse a ella para siempre. Habiendo llegado muy cerca de la Bella Señora, frente a ella, a su derecha, comienza ella su discurso y también las lágrimas comienzan a correr de sus bellos ojos.

"Si mi pueblo no quiere someterse estoy forzada a dejar libre la mano de mi Hijo. Es tan grave y pesada que no puedo retenerla más.

¡Hace cuánto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, debo rogarle sin pausa. Y en cuanto a vosotros, no hacéis caso de ello. Por más que roguéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar la pena que me he tomado por vosotros.

Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo, y no se quiere acordármelo. Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo.

Los que conducen los carros no saben hablar sin introducir el nombre de mi Hijo en sus juramentos. Son ambas cosas lo que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.

Si la cosecha se echa a perder, sólo es a causa de vosotros.

Os lo he hecho ver el año pasado con las papas. Vosotros no habéis hecho caso de ello; al contrario, cuando encontrabais las echadas a perder jurabais y usabais el nombre de mi Hijo. Ellas seguirán echándose a perder; en Navidad no habrá más".


Aquí yo trataba de comprender la palabra "pommes de terre"; creía comprender que significaba "pommes" (papas). La Bella y Buena Señora, adivinando mi pensamiento, continuó así:

"¿No lo comprendéis, mis hijitos? Os lo diré de otra manera".

La traducción en francés es la siguiente:

"Si la cosecha se arruina es sólo por vosotros; os lo he hecho ver el año pasado con las papas y vosotros no habéis hecho caso de ello, al contrario, cuando encontrabais las arruinadas, jurabais y usabais el nombre de mi Hijo. Van a seguir echándose a perder, y en Navidad no habrá más.

Si tenéis trigo, no hay que sembrarlo.

Todo lo que sembréis, lo comerán las bestias, y lo que crezca, caerá hecho polvo al cernirlo. Va a venir una gran hambre. Antes que el hambre venga, los niñitos menores de siete años tendrán un temblor, y morirán entre las manos de las personas que los sostengan; los demás harán penitencia con el hambre. Las nueces se echarán a perder, los racimos se pudrirán".


Aquí, la Bella Señora, que me tenía encantada, quedó un momento sin hacerse oír; veía, sin embargo, que seguía moviendo graciosamente sus amables labios como si hablase. Maximin recibía entonces su secreto. Luego, dirigiéndose a mí, la Santísima Virgen me habló, y me dio un secreto en francés. He aquí este secreto, tal como ella me lo ha dado:

 

 

LA SANTA MADRE LE DA UN SECRETO A MELANI



1.
Melanie, lo que voy a decirte ahora no permanecerá siempre en secreto. Podrás publicarlo en 1858.

2. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes reclaman venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. ¡Desdicha de los sacerdotes y las personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y su mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo, y llaman la venganza, y he aquí que la venganza está a sus puertas, pues no hay más nadie para implorar misericordia y perdón para el pueblo; no hay más almas generosas, no hay más persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

3. Dios va a golpear de una manera sin ejemplo.

4. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! Dios va a agotar su cólera, y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos.

5.
Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias; se han convertido en esas estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los que reinan, en todas las sociedades y en toda las familias; se sufrirán penas físicas y morales; Dios abandonará los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

6. La sociedad está en la víspera de las plagas más terribles y de los más grandes acontecimientos; hay que esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la cólera de Dios.

7. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga más de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso, que combata con las armas de la fe y del amor; yo estaré con él.

8.
Que desconfíe de Napoleón; su corazón es doble y cuando querrá ser a la vez Papa y emperador, enseguida Dios se retirará de él; él es esa águila que, queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada con que deseaba servirse para obligar a los pueblos a elevarle.

9.
Italia será castigada por su ambición al querer sacudirse el yugo del Señor de los Señores; también ella será entregada a la guerra, la sangre correrá por todas partes; las iglesias serán cerradas o profanadas; los sacerdotes, los religiosos serán expulsados; se los hará morir y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y será grande el número de los sacerdotes y religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso Obispos.

10.
Que el Papa se cuide de los hacedores de milagros pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar sobre la tierra y en los aires.

11.
En el año 1864, Lucifer con un gran número de demonios serán soltados del infierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios; los cegarán de tal manera, que, a menos de una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos; muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas.

12.
Los malos libros abundarán sobre la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán en todas partes un relajamiento universal para todo lo que concierne al servicio de Dios; tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá iglesias para servir a estos espíritus. De un lado a otro serán transportadas personas por estos malos espíritus e incluso sacerdotes, pues ellos no se habrán conducido según el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Se resucitará a muertos y a justos [es decir que esos muertos tomarán la figura de almas justas que han vivido sobre la tierra, con el fin de seducir mejor a los hombres; éstos que se dicen muertos resucitados, que no serán sino el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al del verdadero Cristo-Jesús, negando la existencia del cielo o aún las almas de los condenados. Todas estas almas parecerán unidas a sus cuerpos] (nota de Melanie). Habrá en todas partes prodigios extraordinarios puesto que la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina al mundo. Desdichados los Príncipes de la Iglesia que sólo se hayan ocupado en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo.

13.
El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, pues, por un tiempo, la Iglesia será librada a grandes persecuciones; esto será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis terrible.

14.
Olvidada la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; sólo se verán homicidios, odio, celos, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

15.
El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio.

16.
Los malvados atentarán muchas veces contra su vida sin poder dañarle; pero ni él ni su sucesor... verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

17.
Los gobiernos civiles tendrán todos un mismo designio, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para hacer lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

18.
En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia se pudrirán y el demonio se hará como rey de los corazones. Que los que están a la cabeza de las comunidades religiosas tengan cuidado con las personas que deben recibir, pues el demonio hará uso de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas personas entregadas al pecado, ya que los desórdenes y el amor de los placeres carnales serán extendidos por toda la tierra.

19.
Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles, el francés combatirá con el francés, el italiano con el italiano; luego habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, puesto que el Evangelio de Jesucristo no se conoce ya más. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se masacrará mutuamente hasta en las casas.

20.
Al primer golpe del rayo de su espada las montañas y la tierra entera temblarán de pavor puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemada y Marsella será engullida por el mar, muchas grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido; sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su misericordia, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres entregados al pecado perecerán, y la tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado; en todas partes florecerá la caridad. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado en todas partes, y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo y los hombres vivirán en el temor de Dios.

21.
Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las aflicciones que acontecen sobre la tierra.

22.
Un precursor del anticristo con sus ejércitos de varias naciones combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y querrá aniquilar el culto de Dios para hacerse tener como un Dios.

23.
La tierra será golpeada por toda clase de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales) ; habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto acontezca habrá una especie de falsa paz en el mundo; sólo se pensará en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados, pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes conducidas por el Espíritu Santo. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud del tiempo.

24.
La naturaleza reclama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor.

25.
Tiembla, tierra, temblad vosotros, los que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que por dentro os adoráis a vosotros mismos; pues Dios va a entregaros a su enemigo, puesto que los lugares santos se hallan en la corrupción; muchos conventos no son más las casas de Dios sino el pasto de Asmodeo y los suyos.

26.
Será durante este tiempo que nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen que tendrá comunicación con la antigua serpiente, el señor de la impureza; su padre será Ev.; al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; será, en una palabra, el diablo encarnado; lanzará gritos terribles, hará prodigios, sólo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, aunque no sean demonios encarnados como él, serán hijos del mal; a los doce años se señalarán por sus valientes victorias, pronto estará cada uno a la cabeza de ejércitos asistidos por legiones del infierno.

27.
Las estaciones se alterarán, la tierra sólo producirá malos frutos, los astros perderán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza; el agua y el fuego darán al orbe de la tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc.

28.
Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo.

29.
Los demonios del aire con el anticristo harán grandes prodigios sobre la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán cada vez más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad; el Evangelio será predicado en todas partes, ¡Todos los pueblos y todas las naciones tendrán conocimiento de la verdad!

30.
Yo dirijo un apremiante llamado a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios viviente y reinante en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, mis verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a mí para que los conduzca a mi Hijo divino, aquellos que, por así decir, llevo en mis brazos; aquellos que han vivido de mi espíritu; llamo en fin a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Es tiempo de que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros con tal vuestra fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga como hambrientos de la gloria y del honor de Jesucristo. Combatid, hijos de la luz, vosotros, los pocos que veis, pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

31.
La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.

32.
¡Desdichados los habitantes de la tierra! habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un espantoso granizo de animales, truenos que sacudirán las ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en los aires, los hombres se darán de golpes con su cabeza en los muros; llamarán a la muerte y, por otro lado, la muerte hará su suplicio, la sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá vencer si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos Dios se dejará doblegar; Enoch y Elías serán matados; Roma pagana desaparecerá; el fuego del cielo caerá y consumirá tres ciudades; todo el universo será sacudido de terror, y muchos se dejarán seducir porque no han adorado al verdadero Cristo viviente entre ellos. Es el momento; el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

33.
He aquí el tiempo; el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí a la bestia con sus súbditos, diciéndose salvador del mundo. Se elevará con orgullo en los aires para ir hasta el cielo; será ahogado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que desde hace tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego, él será sumergido para siempre con todos los suyos en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado.

IV

Enseguida la Santa Virgen me dio, también en francés, la Regla de una nueva Orden religiosa.

Después de darme la Regla de esta nueva Orden religiosa, la Santa Virgen continuó así su Discurso:

"Si ellos se convierten, las piedras y las rocas se transformarán en trigo, las papas se encontrarán sembradas en los campos. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?". Respondimos los dos:

"¡Oh! no, Señora, no muy bien".

"¡Ah! hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer mejor, decid un Pater y un Ave María; y, cuando tengáis tiempo y podáis hacerla mejor, diréis más.

Sólo van algunas mujeres un poco ancianas a Misa; los demás trabajan en domingo todo el verano. Y en el invierno, cuando no saben qué hacer sólo van a Misa para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros.

"¿No habéis visto el trigo hechado a perder, hijos míos?".


Los dos contestamos: —" ¡Oh! no, Señora".

La Santa Virgen dijo dirigiéndose a Maximin:
"Pero tú, hijo mío, tú ' debes haberlo visto con tu padre una vez cerca de Con. El hombre del terreno dijo a tu, padre: "Venid a ver como mi trigo se arruina". Vosotros fuisteis. Tu padre tomó dos o tres espigas en su mano, las frotó, y cayeron hechas polvo. Luego, al volver, cuando no estabais a más de media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan diciéndote: Toma, hijo mío, come este año pues no sé quién comerá el año próximo si el trigo se hecha a perder".

Maximin respondió: —"Es verdad, Señora, no lo recordaba".

La Santísima Virgen ha terminado su discurso en francés:
"Y bien, hijos míos, vosotros lo transmitiréis a todo mi pueblo".

La Bellísima Señora atravesó el arroyo y, a dos pasos del arroyo, sin volverse hacia nosotros que la seguíamos (pues ella atraía con su esplendor y más aún por su bondad que me embriagaba, que parecía fundirme el corazón) nos dijo todavía:

"Y bien, hijos míos, vosotros lo transmitiréis a todo mi pueblo".

Luego ella continuó marchando hasta el lugar adonde yo había subido para mirar donde estaban mis vacas. Sus pies sólo tocaban la punta de la hierba sin doblarla. Al llegar a la pequeña altura, la Bella Señora se detuvo y yo me ubiqué rápidamente frente a ella para contemplarla bien, muy bien, y para tratar de saber qué camino se inclinaba a seguir; pues yo estaba decidida, había olvidado mis vacas y los patrones con quienes estaba de servicio; yo me había entregado para siempre y sin condición a Mi Señora; sí, no quería jamás dejarla, jamás; la seguía sin pensarlo más, y en la disposición de servirla mientras viviera.

Con Mi Señora, yo creía haber olvidado el paraíso; sólo tenía el pensamiento de servirla bien en todo y creía que hubiese podido hacer todo lo que ella me hubiese dicho, pues me parecía que Ella tenía mucho poder. Me contemplaba con una tierna bondad que me atraía hacia ella; hubiese querido arrojarme a sus brazos con los ojos cerrados. Ella no me ha dado el tiempo para hacerlo. Se elevó insensiblemente de la tierra hasta una altura de cerca de un metro y algo más, y quedándose así suspendida en el aire un brevísimo instante, Mi Bella Señora miró el cielo, luego la tierra a su derecha y a su izquierda, luego me miró con ojos tan dulces, tan amables y tan buenos, que yo creía que me atraía a su interior y me parecía que mi corazón se abría al suyo.

Y mientras mi corazón se fundía en una dulce dilatación, la bella figura de Mi Buena Señora desaparecía poco a poco; me parecía que la luz en movimiento se multiplicaba, o bien se condensaba en torno a la Santísima Virgen para impedirme verla más tiempo. Así la luz tomaba el lugar de las partes del cuerpo que desaparecían a mis ojos; o bien parecía que el cuerpo de Mi Señora se cambiaba en luz, fundiéndose. Así la luz en forma de globo se elevaba dulcemente en dirección recta.

No puedo decir si el volumen de luz disminuía a medida que ella se elevaba o si era el alejamiento lo que hacía que yo viese disminuir la luz a medida que ella se elevaba; lo que sé es que me quedé con la cabeza levantada y los ojos fijos en la luz, aún después que esta luz, que iba siempre alejándose y disminuyendo de volumen, terminó por desaparecer. Mis ojos se apartan del firmamento, miro en torno mío, veo a Maximin que me miraba y le digo: "Memin, debe ser el buen Dios de mi padre o la Santa Virgen, o alguna gran santa" y Maximin, haciendo un gesto con su mano en el aire dijo: " ¡Ah! si lo hubiese sabido!".

V

Al anochecer del 19 de setiembre, nos retiramos un poco más temprano que de costumbre. Al llegar a casa de mis patrones me ocupé en atar mis vacas y en poner todo en orden en el establo. No había terminado aún, cuando mi patrona vino llorando y me dijo: ¿Por qué, hija mía, no vienes a decirme lo que os ha ocurrido en la montaña? (Maximin, no habiendo encontrado a sus amos, que no habían vuelto aún de su trabajo, había venido a casa de los míos, y les había contado todo lo que había visto y oído). Le contesté: "Sí, yo quería decírselo, pero antes deseaba terminar mi trabajo". Un momento después entré en la casa, y mi patrona me dijo: "Cuéntame lo que has visto; el pastor de Bruite (era el sobrenombre de Pierre Selme, patrón de Maximin) me ha contado todo".

Comienzo, y hacia la mitad del relato, mi patrón llega de sus campos. Mi patrona, que lloraba al oír las quejas y las amenazas de nuestra tierna Madre dijo: "¡Ah!, vosotros queríais ir a juntar el trigo mañana; dejadlo, venid a oír lo que ha ocurrido hoy a esta niña y al pastor de Selme". Y dirigiéndose a mí, dice: "Comienza de nuevo todo' lo que me has dicho". Yo empiezo de nuevo, y cuando hube terminado, mi patrón dice:- "Es la Santa Virgen, o si no una gran santa que ha venido de parte de Dios; pero es como si Dios hubiese venido él mismo. Hay que hacer todo lo que esta Santa ha dicho. ¿Cómo haréis para decir aquello a todo su pueblo? Le respondí: "Vosotros me diréis como debo hacerlo, y yo lo haré". Enseguida, mirando a su madre, a su esposa y a su hermano, agregó: "Hay que pensar en ello". Luego, cada uno se retiró a sus asuntos.

Era después de la cena. Maximin y sus patrones vinieron a casa de los míos a contar lo que Maximin les había dicho, y para saber qué había que hacer. "Pues" —dijeron— "nos parece que es la Santa Virgen, que ha sido enviada por Dios; las palabras que ha dicho lo hacen creer. Y ella les ha dicho que los transmitieran a todo su pueblo; quizá estos niños tendrán que recorrer el mundo entero para hacer saber que es necesario que todo el mundo observe los mandamientos de Dios, si no nos van a ocurrir grandes desgracias "Después de un momento de silencio, mi patrón, dirigiéndose a Maximin y a mí, dijo: "¿Sa­béis vosotros lo que debéis hacer, hijos míos? Mañana, levantaos temprano, id los dos a ver al señor Cura, y contadle todo lo que habéis visto y oído; decidle bien como ha sido la cosa; él os dirá lo que tenéis que hacer".

El 20 de setiembre, al día siguiente de la aparición, partí temprano con Maximin. Al llegar a la parroquia, llamo a la puerta. La sirvienta del señor Cura vino a abrir, y preguntó qué queríamos. Yo le dije (en francés, yo, que jamás lo había hablado) : "Quisiéramos hablar al señor Cura". "¿Y qué queréis decirle?" nos preguntó. "Quisiéramos decirle, señorita, que ayer fuimos a cuidar nuestras vacas en la montaña de Baisses, y, que después de haber comido, etc. etc. Le contamos una buena parte del discurso de la Santísima Virgen. Entonces sonó la campana de la Iglesia, era el último toque que llamaba a Misa. El señor Perrin, cura de la Salette, que nos había oído, abrió ruidosamente la puerta; lloraba, se golpeaba el pecho. Nos dijo: "Hijos míos, estamos perdidos, Dios nos va a castigar. ¡Ah! ¡Dios mío, es la Santa Virgen quien se os ha aparecido!". Y entonces se fue a decir la Santa Misa. Nos miramos con Maximin y la sirvienta; luego Maximin me dijo: "Yo me voy a casa de mi padre, a Corps". Y nos separamos.

Como no había recibido de mis patrones la orden de marcharme enseguida, después de haber hablado al señor Cura, creí no hacer mal en asistir a Misa. Fui entonces a la iglesia. La misa comienza, y después del primer Evangelio, el señor Cura se vuelve hacia el pueblo y procura relatar a sus feligreses la aparición que acababa de ocurrir, el día de la víspera, en una de sus montañas; y los exhorta a no trabajar más el Domingo. Su voz se entrecortaba con sollozos, y todo el pueblo estaba conmovido. Después de la santa Misa me marché a casa de mis señores. El señor Peytard, que es hoy todavía alcalde de la Salette, fue allá a preguntarme acerca de la aparición; y, después de haberse asegurado de la ver-dad de lo que le decía, se marchó convencido.

Yo permanecí al servicio de mis señores hasta la fiesta de Todos los Santos. Luego fui colocada como pensionista en casa de las religiosas de la Providencia, en mi provincia, en Corps.

VI

La Santísima Virgen era muy alta y bien proporcionada; parecía ser tan ingrávida que se la hubiese movido con un soplo; sin embargo, permanecía inmóvil y bien plantada. Su fisonomía era majestuosa, imponente, pero no imponente como son los señores de aquí abajo. Ella imponía un temor respetuoso. Al mismo tiempo que Su Majestad imponía respeto imbuido de amor, atraía hacia sí. Su mirada era dulce y penetrante; sus ojos parecían hablar con los míos, pero la conversación venía de un sentimiento vivo y profundo de amor hacia esa belleza encantadora que me fundía. La dulzura de su mirada, su aire de bondad incomprensible hacía comprender y sentir que ella atraía a Sí, y que deseaba entregarse; era una expresión de amor que no puede expresarse con la lengua de la carne ni con las letras del alfabeto.

El vestido de la Santísima Virgen era blanco plateado, muy brillante, no tenía nada de material: estaba compuesto de luz y de gloria, cambiante y centelleante. No hay expresión ni comparación que pueda darse sobre la tierra.

La Santa Virgen era toda bella y toda formada de amor; contemplándola, yo languidecía por fundirme en ella. En su ropaje, como en su persona, todo respiraba la majestad, el esplendor, la magnificencia de una Reina incomparable. Parecía blanca, inmaculada, cristalina, resplandeciente, celeste, fresca, nueva como una Virgen; parecía que la palabra Amor se escapaba de sus labios argentados y todo puros. Me parecía una buena Madre, llena de bondad, de amabilidad, de amor por nosotros, de compasión, de misericordia.

La corona de rosas que tenía sobre la cabeza era tan bella, tan brillante, que no puede uno darse una idea de ella; las rosas de distintos colores no eran de la tierra; era un conjunto de flores lo que ceñía la cabeza de la Santísima Virgen en forma de corona; pero las rosas se intercambiaban o se reemplazaban; además, del corazón de cada rosa salía una luz tan bella que arrebataba, y hacía a las rosas de una belleza esplendente. De la corona de rosas se elevaban como ramas de oro y una cantidad de otras florecillas entremezcladas con brillantes.

Todo formaba una bellísima diadema, que brillaba ella sola más que nuestro sol de la tierra.

La Santa Virgen tenía una hermosísima Cruz suspendida de su cuello. Esta Cruz parecía ser dorada —digo dorada por no decir una placa de oro; pues he visto algunas veces objetos dorados con diversos tonos de oro, lo que a mis ojos hacía un efecto más bello que una simple placa de oro—. Sobre esta Cruz toda brillante de luz, estaba un Cristo, estaba Nuestro Señor, los brazos extendidos sobre la Cruz. Casi en las extremidades de la Cruz, había de un lado un martillo, del otro una tenaza. El Cristo era de color carne natural, pero brillaba con gran esplendor; y la luz que salía de todo su cuerpo parecía como dardos muy brillantes que hendían mi corazón con el deseo de fundirme en él. A veces el Cristo parecía estar muerto: tenía la cabeza inclinada y el cuerpo estaba como

abatido, como por caerse, si no hubiese sido retenido por los clavos que lo re-tenían a la Cruz.

Yo tenía por ello una viva compasión y hubiese querido repetir al mundo entero su amor desconocido, y filtrar en las almas de los mortales el amor más extremado, y el reco­nocimiento más vivo a un Dios que no tenía necesidad alguna de nosotros para ser lo que es, lo que era y lo que será siempre y que, sin embargo, ¡oh amor incomprensible al hombre! —se ha hecho carne y ha querido morir, sí, morir, para escribir mejor en nuestras almas y en nuestra memoria el amor enloquecido que tiene por nosotros. ¡Oh! ¡Qué desdichada soy al hallarme tan pobre expresiones para decir el amor, sí, el amor de nuestro buen Salvador por nosotros pero, por otro lado, ¡Qué dichosos somos de poder sentir mejor lo que no podemos expresar!

Otras veces el Cristo parecía vivo, tenía la cabeza erguida, los ojos abiertos, y parecía estar sobre la Cruz por su propia voluntad. A veces también parecía hablar, parecía querer mostrarnos que estaba en la Cruz por nosotros, por amor a nosotros, para atraernos a su amor; mostrarnos que él tiene siempre un amor nuevo por nosotros, que su amor del prin­cipio y del año 33 es siempre el de hoy, y que permanecerá siempre.

La Santa Virgen lloraba casi todo el tiempo que me habló. Sus lágrimas corrían una a una, lentamente, hasta sus rodillas; luego, desaparecían como cen­tellas de luz. Eran brillantes y llenas de amor. Hubiese querido consolarla, y que Ella no llorase más. Pero me parecía que tuviese necesidad de mostrar sus lágrimas para mostrar mejor su amor olvidado por los hombres. Hubiese querido arrojarme en sus brazos y decirle: " ¡Mi buena Madre, no lloréis más! quiero amaros por todos los hombres de la tierra". Pero me parecía que- Ella me decía: "¡Hay tantos de ellos que no me conocen!".

Yo estaba entre la muerte y la vida, viendo por un lado tanto amor, tanto deseo de ser amada, y por otro tanta frialdad, tanta indiferencia. . . ¡Oh! Madre mía, toda Madre, toda bella y toda amable, amor mío, corazón de mi corazón!

Las lágrimas de nuestra tierna Madre, lejos de amenguar su aire de Ma­jestad, de Reina y de Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más amable, más bella, más poderosa, más llena de amor, más maternal, más en-cantadora; y yo hubiese comido sus lágrimas, que hacían saltar mi corazón de

compasión y de amor. Ver llorar a una Madre, y a una tal Madre, sin tomar todos los medios imaginables para consolarla, para cambiar sus dolores en gozo ¿puede eso comprenderse? ¡Oh Madre más que buena! Vos habéis sido formada de todas las prerrogativas de que Dios es capaz; vos habéis como agotado el poder de Dios; vos sois buena, y buena aún como la bondad de Dios mismo. Dios se ha engrandecido al formaros como su obra maestra terrestre y celestial.

La Santísima Virgen tenía un delantal amarillo. ¡Qué digo amarillo! Tenía un delan­tal más brillante que muchos soles juntos. No era una tela material; era un compuesto de gloria, y esta gloria era centelleante y de una belleza arrebatadora. Todo en la Santísima Virgen me llevaba fuertemente, y como deslizándome, a adorar y a amar a mi Jesús en todos los estados de su vida mortal.

La Santísima Virgen tenía dos cadenas, una un poco más ancha que la otra. De la más angosta estaba suspendida la Cruz que mencioné anteriormente. Estas cadenas (pues hay que darle el nombre de cadenas), eran como rayos de gloria de un gran esplendor cambiante y centelleante.

Los zapatos (pues zapatos hay que decir), eran blancos, pero de un blanco plateado, brillante, había rosas a su alrededor. Estas rosas eran de un belleza esplendorosa, y del corazón de cada rosa salía una llama de luz muy bella y muy agradable de ver. Sobre los zapatos había una hebilla de oro, no del oro de la tierra, sino, por cierto, del oro del paraíso.

La visión de la Santísima Virgen era ella misma un paraíso perfecto. Ella tenía en sí todo lo que podía satisfacer, pues la tierra había sido olvidada.

La Santa Virgen estaba rodeada de dos luces. La primera luz, más cerca de la Santísima Virgen, llegaba hasta nosotros; brillaba con un esplendor muy bello y centelleante. La segunda luz se extendía un poco más entorno de la Bella Señora, y nosotros nos encontrábamos en ella; era inmóvil (es decir que no centelleaba) pero sí mucho más brillante que nuestro sol de la tierra. Todas estas luces no hacían mal a los ojos, y de ningún modo fatigaban a la vista.

Además de todas estas luces, de todo este esplendor, salían todavía grupos o haces de luces, o rayos de luz, del Cuerpo de la Santa Virgen, de sus vestidos, de todas partes.

La voz de la Bella Señora era dulce; encantada, arrebataba, hacía bien al corazón; saciaba, allanaba todo obstáculo, calmaba, apaciguaba con dulzura. Me parecía que siempre hubiese querido comer de su bella voz, y mi corazón pa­recía danzar o querer ir a su encuentro para fundirse en ella.

Los ojos de la Santísima Virgen, nuestra tierna Madre, no pueden descri­birse con una lengua humana. Para hablar de ellos haría falta un serafín, haría falta más; haría falta el lenguje de Dios mismo, del Dios que ha formado la Virgen Inmaculada, obra maestra de su omnipotencia.

Los ojos de la Augusta María parecían mil y mil veces más bellos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas más exquisitas; brillaban como dos soles; eran dulces como la dulzura misma, claros como un espejo. En sus ojos se veía el paraíso, atraían a Ella, parecía que Ella quería entregarse y atraer., Cuanto más la contemplaba yo, más quería verla; cuanto más la veía, más la amaba, y la amaba con todas mis fuerzas.

Los ojos de la Bella Inmaculada eran como la puerta de Dios, de donde se veía todo lo que puede embriagar al alma. Cuando mis ojos se encontraban con los de la Madre de Dios y mía, experimentaba en mi interior una feliz revolución de amor y de protestas de amarla y de fundirme de amor.

Mirándome, nuestros ojos se hablaban a su manera, y yo la amaba tanto, que hubiese querido abrazarla en el medio de sus ojos, que enternecían mi alma y parecían atraerla, y hacerla fundir con la suya. Sus ojos implantaron un dulce temblor en todo mi ser; y yo temía hacer el menor movimiento que pudiese serle desagradable en lo más mínimo.

Esta sola visión de los ojos de la más pura de las Vírgenes hubiese bastado para ser el Cielo de un bienaventurado, hubiese bastado para hacer entrar un alma en la plenitud de las voluntades del Altísimo, entre todos los aconteci­mientos que ocurren en el curso de la vida mortal; hubiese bastado para hacer-la realizar continuos actos de alabanza, de agradecimiento, de reparación y de expiación. Esta sola visión concentra el alma en Dios y la convierte como en una muerta-viva, que considera sólo como diversiones de niños todas las cosas de la tierra, aun las cosas que parecen más serias; sólo querría oír hablar de Dios y de lo que concierne a su Gloria.

El pecado es el único mal que Ella ve sobre la tierra. Moriría de dolor por ello, si Dios no la sostuviera. Amén.

MARÍA de la Cruz, Víctima de Jesús, nacida Mélanie Calvat, Pastora de la Salette.
Castellamare, 21 de noviembre de 1878.
Extraído de revista: “Fidelidad a la Santa Iglesia”

 

 

 

 

LOS HECHOS DE LA SALETTE

Los hechos referidos en el secreto no podemos entenderlos en forma cronológica. A veces se repite lo que se dijo anteriormente, "estilo cíclico", característica Apocalipsis de San Juan.

- Se habla del triunfo definitivo de la Iglesia, después del Juicio de las Naciones o purificación a la humanidad, en el que todo será renovado, y habrá entonces un solo rebaño y un solo pastor.

- Del nacimiento y de la actuación del anticristo. Referirse al anticristo es llegar al máximo grado de apostasía universal.

- Hace referencia también a los dos testigos, que condenarán los errores del anticristo y exhortarán al mundo a hacer penitencia. Y al final serán vencidos y muertos. (Apocalipsis XI.)

ALGUNAS PROFECÍAS YA SE HAN CUMPLIDO

A.- Que el Papa no saliera de Roma después de 1859, año a partir del cual, vencida Austria, querían que el Papa abandonase Roma para conseguir la unidad italiana.

B.- La profecía de Napoleón también se cumplió al pie de la letra: cayó "sobre la propia espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo"; esa fué Prusia, de ella se sirvió para debilitar a Austria, la potencia católica. etc.

PUNTO CENTRAL DEL MENSAJE

1.- "Vendrán una serie de castigos y catástrofes..." Por causa (o producto), de los pecados de los hombres.

2.- "Muchos sacerdotes se apartarán de la sana doctrina..." Esto es una triste realidad hoy en día, de la que nosotros tenemos mucha culpa por no haber rezado suficientemente por ellos. Y ahora satanás ha cegado las inteligencias de muchas almas consagradas.

3.- "Muchas casas religiosas se apartarán de la Verdadera fe." Vivimos en un desconcierto doctrinal sin precedentes.

Nuestra Señora hace referencia al anticristo, y que Roma perderá la Fé, y se convertirá en su sede. (No es contrario a lo revelado en las Sagradas Escrituras.) Dios permitirá a Satanás tentar a los hombres y al mundo y éste llegará al caos, al desorden y la desesperación.

Y por un acto de su justicia y su misericordia mandará purificar y renovar al mundo, y a su Iglesia, y la vida en la Tierra continuará con aquellos hombres justos y orantes que supieron estar vigilantes a los mensajes marianos y al espíritu cristiano, y vendrá entonces, -como está profetizado-, el reinado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

La Santísima Virgen clarifica en La Salette los Últimos Tiempos, y hace una llamada a los "Apóstoles de los Últimos Tiempos", los verdaderos imitadores de su Hijo, que ayudarán al triunfo definitivo de Jesucristo, con Paz y reconciliación de Dios con los hombres, cuando la Santa Iglesia será piadosa, fuerte, humilde e imitadora de las virtudes de Jesucristo.

Según la tesis de que estamos en los Últimos Tiempos, el "Final de los Tiempos", (no el fin del mundo), y que una purificación dará lugar a la conversión de los judíos y del mundo, lo fundamental del Secreto de La Salette, referido a la época actual, es "LA GRAN APOSTASÍA", ya denunciada por Pablo VI: "el humo del infierno se ha infiltrado en la Iglesia". Con una especial responsabilidad del clero.

Una crisis espantosa de la Iglesia, una persecución religiosa, y castigos apocalípticos anunciados en Fátima: "Varias naciones serán aniquiladas."

YO SOY EL AGONIZANTE JESUCRISTO EL QUE TE AMA

ADVOCACIONES MARIANAS 

 

"REINA DEL UNIVERSO Y DE LAS POBRES ALMAS DEL PURGATORIO"

 

 

"LA HUMANIDAD NO HA ESCUCHADO A MI SANTA MADRE APARECIDA EN FÁTIMA PARA EXHORTAR A HACER PENITENCIA. AHORA VENGO YO MISMO EN ESTA ÚLTIMA HORA PARA AMONESTAR AL MUNDO"

 

Heede es un pueblito alemán a orillas del Ems, en el estado de Niedersachsen (Baja Sajonia), cerca de la frontera con Holanda.

Entre el 1° de noviembre de 1937 y el 3 de noviembre de 1940, María se apareció más de cien veces en Heede a cuatro niñas de entre 12 y 14 años: Anna Schulte, Greta Gansferth (+1996), Margaret Gansferth, y Susanna Bruns (+1994). Se manifestó bajo doble advocación de Reina del Universo y Reina de las pobres almas del Purgatorio...


Estallada la segunda guerra mundial, la Gestapo, ante la afluencia de público, intervino prohibiendo aquellas reuniones e internando a las cuatro jovencitas en el hospital de Götingen.

De allí pronto salieron para sus casas, al demostrarse que se encontraban en perfecto estado de salud.

A partir de entonces las apariciones fueron en distintos lugares, que ellas marcaban con una señal en la piedra. Posteriormente las cuatro videntes tuvieron que incorporarse al Ejército alemán como enfermeras. Pero en 1945 hubo nuevas apariciones, esta vez de Jesús a Margaret Gansferth.

El obispo de Osnabrück, nombró una comisión formada por dos sacerdotes diocesanos opuestos a los hechos, para que hicieran una investigación veraz y exhaustiva. Luego de un tiempo declararon: "Poseemos pruebas inequívocas e irrefutables acerca de la verdad de estas apariciones de Jesucristo".

El informe diocesano aprobó el carácter sobrenatural de los hechos. Luego fue enviado a Roma para su estudio por parte de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.


 

RELATO DE LA APARICIÓN (1937-1940)
 

 

Por noche del 1 de noviembre de 1937, cerca el cementerio parroquial, Margaret Ganseforth, trece años, y su hermana Grete (estigmatizada en la primavera 1939 y fallecida el 27 enero de 1996), once años, salen de la iglesia donde se celebra el día de Todos los Santos.

Repentinamente perciben a una treintena de metros una "luminosidad que flota" a un metro del suelo, luego ven una "forma luminosa" asemejándose a una silueta de mujer. Asustadas, vuelven a entrar en la iglesia.

Otra niña, Anni Schulte, sorprendida deja la iglesia, explora el lugar indicado por Margaret y Grete, y "ve a la Virgen y al Niño". La ceremonia finaliza. Maria y Grete, acompañadas de Anni y Adele Bruns, quince años, y de su hermana Susanne (fallecida el 22 septiembre de 1994), deciden ir de vuelta hacia el cementerio.

¡Está allí, entre los dos cipreses!, exclama Margaret.

La aparición sigue siendo silenciosa. Las niñas ven, excepto Adele, que impaciente dice: "volvamos a entrar a la casa, no creo a estas historias", dijo.

Margaret y Grete cuentan el hecho a su madre que alerta inmediatamente al padre Staelberg, cura de la parroquia.


El día siguiente, a la misma hora, la "dama" aparece pero sin el Niño Jesús, las manos juntas en rezo. Un rumor corre en el pueblo. La tercera aparición tiene lugar el 5 de noviembre de 1933. Se interroga a las cuatro niñas.

La Virgen aparece de pie sobre una nube blanca "azulada", dentro de una "aureola luminosa, oval, que la rodea sobre una anchura de 30 ó 40 cm". Tiene el aire de tener dieciocho o diecinueve años. Sus ojos son azules, como los del Niño Jesús. Lleva una "corona dorada ricamente trabajada", un largo vestido blanco ajustado al talle por un cordel". Una "velo blanco no transparente" cae de cada lado "haciendo algunos pliegues" y oculta su cabello. "Sobre su mano izquierda, cubierta por el velo, se sienta el Niño Jesús." Ella levanta el brazo ", precisan las niñas."

El 7 de noviembre siguiente, sobre las dieciocho horas y treinta, 4.000 a 5.000 personas rodean a las videntes. Varios sacerdotes presencian la aparición. El día después más de 7.000 personas vuelven al lugar. Las autoridades civiles prohíben al padre Staelberg acompañar a las niñas.


Ese día, el padre Herkenhoff está allí: "Repentinamente, las niñas caen de rodillas, todas juntas, sin que una u otro haya hecho una señal a sus compañeras." Plantean a la aparición varias preguntas [... ] al cabo de un cuarto de hora, durante el cual siguieron estando constantemente rígidas, los ojos fijados sobre un punto preciso y sin contestar siquiera cuando les hablaban, Grete observa repentinamente al costado. Les pregunto como está Madre de Dios, ambas me responden con una expresión especialmente triste: "la Madre de Dios estaba muy triste y muy luminosa".

El 5 de abril de 1939, Margaret está sola en la aparición:
Vi a la Madre de Dios directamente ante mí, a dos metros de mí y le pedí:


¿Madre, cómo querrías que se te honre?
Como Reina del Universo y Reina de los Almas del Purgatorio.
¿Por qué rezo deseas ser honrada?
Por las letanías de Laurentanas.


En mayo, la Virgen aparece 13 veces, incluidas dos veces en la ubicación inicial, en pleno día (el 6 y 12). El 12 de mayo, Grete preguntó:


Vamos a tener enfermedades?

No todavía.
Debemos venir aquí cada día?
Sí.


A continuación, el número de las apariciones disminuye.

El 21 enero y 12 de septiembre de 1940 las niñas la ven de nuevo. El 19 de octubre siguiente preguntan si curará y a qué enfermos.


Solo curaré al que venga con una intención derecha.


Les da un "secreto" destinado al Papa:


¡No lo dirán mas que al Santo Papa de Roma!.


El mensaje se pone en un sobre sellado que se transmite a Pío XII por intermedio de Mons. Berning.

El 3 de noviembre de 1940, hacia las veinte horas y treinta, la Virgen aparece por última vez. Da un "secreto" a cada niña y luego su anuncio:


Ahora, mis queridas niñas, yo las bendigo en este adiós.
¡Sigan siendo buenas y fieles a Dios!
Recen a menudo y de buen grado el rosario [... ] me voy al cielo.

 

 

 


 

 

LA INVESTIGACIÓN Y CONSAGRACIÓN
 

 

La investigación se alarga. En 1941 no se sustituye a dos miembros de la comisión que se mueren y el 23 de julio de 1942, Mons. Berning expresa su posición durante del homilía pronunciada in situ: "De Heede brotó una rica bendición. Pude constatar que la devoción mariana aumentó de manera extraordinaria [... ] yo comprobé [... ] que la vida sacramental, en particular, ha florecido de manera extraordinaria en su parroquia."

El 3 de febrero de 1943 el prelado envía un informe positivo a la Santo Oficio, luego nombra una nueva comisión teológica el 7 de marzo de 1946.

Autoriza los fieles a colocar en el cementerio parroquial una estatua de "Maria Reina del Universo", hecha según las indicaciones del videntes.


Después de su muerte (1955), Mons. Wittler, su sucesor, autoriza la construcción de un oratorio en el cementerio.

El 3 de junio de 1959 se aprobaron estas apariciones.

En 1973 se permite la adoración eucarística nocturna el primer Sábado de cada mes en la iglesia parroquial. Los enfermos son bendecios el lunes de Pentecostés.

El 22 de agosto de 1977, la nueva iglesia
“María Reina del Universo” es consagrada.

En el 2000, el obispo Franz-Joseph Hermann Bode, obispo diocesano, eleva a las dos iglesias de Heede a la categoría de santuarios diocesanos.

Al año siguiente los alemanes eligen en Heede como fecha de la fiesta de su santuario el segundo domingo en junio.


 


 


MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 


• "Yo soy la señal de Dios vivo. Pongo la señal en la frente de mis hijos
(1). La estrella del infierno perseguirá mi señal, mas mi señal prevalecerá sobre el infierno. El mundo tendrá que agotar hasta las heces el cáliz de la cólera divina por sus pecados innumerables, que han herido al Sagrado Corazón de Jesús (...)"

• "El furor de la estrella del infierno sobrepasará en violencia y causará devastación terrible, porque ya sabe que su tiempo es corto (...) ¡Rueguen y sacrifíquense por los pecadores! (...) ¡Recen el rosario!. No pidan tanto por las cosas exteriores! (...) De ustedes depende acortar el período de las tinieblas (...) Oren siempre. Recen el rosario. Hagan sus peticiones al Padre por medio de mi corazón inmaculado (...) El Padre eterno amenaza con una desgracia terrible a todos los que rechazan su voluntad".

• "Es mi voluntad que mi mensaje sea dado a conocer literalmente. Un grupo pequeño entenderá el mensaje correctamente y se llevará a cabo. La mayor parte de la gente no hará caso de él, sino que lo rechazará y se resentirá de él. ¡Pero no teman! Estoy con ustedes. Estos tiempos requieren de expiación. Si ustedes rezan yo cuidaré el resto".


 

Una síntesis de los mensajes de Jesús en Heede a Margaret Gansferth ( a partir de 1945)
 

 

• "La humanidad no ha escuchado a mi Santa Madre aparecida en Fátima para exhortar a hacer penitencia. Ahora vengo Yo mismo en esta última hora para amonestar al mundo".

• "Los tiempos son graves. Hagan, por fin, penitencia los hombres por sus pecados. Aléjense de todo corazón del mal y oren, oren mucho para que se aplaque la ira de Dios. Recen con frecuencia el rosario, esa plegaria que tanto puede ante Dios. Menos diversiones y pasatiempos".

• "Estoy muy próximo. La tierra temblará... Será terrible. Un Juicio en pequeño! Pero ustedes no teman. Yo estoy con ustedes. Se alegrarán y me lo agradecerán. Los que esperan tienen mi ayuda, mi gracia y mi amor. Mas para los que no están en estado de gracia será espantoso. Los ángeles de la justicia están ya diseminados por los cuatro puntos cardinales. Yo me daré a conocer al género humano. Todas las almas me reconocerán como su Dios. Faltan cinco minutos para las doce. ¡Yo vengo, estoy a las puertas! La humanidad se lamentará".

• "Lo que ocurrirá será terrible, como jamás se vio desde el principio del mundo. Vengo Yo mismo y manifestaré mi voluntad (...) Hijas mías, vengo pronto, muy pronto. La Santísima Virgen María y los coros de ángeles intervendrán en todos estos acontecimientos. El infierno se cree seguro de su victoria, pero Yo se la arrebataré de las manos. Permitiré que lluevan sobre el mundo desventuras, pues de este modo se salvarán muchos. Bienaventurados aquellos que lo sufren todo por aquellos que me ofenden. Yo vengo y conmigo vendrá la paz. Con un pequeño número de elegidos edificaré mi Reino. Éste vendrá como relámpago, repentinamente, más pronto de lo que se piensa..."

• "Los hombres rehúsan mi misericordia, mi amor y mis méritos. La humanidad es peor que antes del diluvio, agoniza en la ciénaga del pecado. El odio y la codicia guían sus corazones. Todo es obra de Satanás. Esta generación merecería ser aniquilada, pero solamente mirando a los justos dejaré que triunfe mi misericordia".

• "La humanidad reconocerá mi poder y Yo les mostraré mi justicia y mi misericordia. Mis queridos hijitos; la hora se aproxima más y más. Rueguen incansablemente y no serán confundidos. Yo reúno a mis elegidos. Convergerán al mismo tiempo desde todas las partes del mundo y me glorificarán. Yo vengo. Felices los que están preparados; felices los que me escuchan".

ROSARIO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE SALVAR ALMAS lo rezaras en tu rosario ordinario de la siguiente manera al principio rezarás. En el nombre del padre etc. Ven espíritu santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tú amor v. envía, señor tu espíritu y todo será creado r. y renovaras la faz de la tierra. Un padrenuestro, un avemaría y un credo

En las cuentas grandes del rosario. Quién es está que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla

En las cuentas pequeñas del rosario. + JACULATORIA:

¡VIRGEN DE GUADALUPE SALVAR ALMAS!

 

Al final rezarás tres veces madre santísima de Guadalupe en ti confió

Aquellos que recen todos los días este rosario serán asistidos por Jesús y maría en sus necesidades

Oración final oh virgen de Guadalupe esperanza mía, bajo tu manto quiero vivir y morir líbrame de pecado en este día y dame tu santa bendición gracias, madre mía.

Virgen morena ruega por nosotros virgen de Guadalupe ruega por nosotros

Rosa mística del Tepeyac ruega por nosotros

 ADVOCACIONES MARIANAS  SAN JUAN DIEGO EL VIDENTE

 

San Juan Diego nació en 1474 en el "calpulli" de Tlayacac en Cuauhtitlán, México, establecido en 1168 por la tribu nahua y conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla".Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del Imperio Azteca, sin llegar a ser esclavo. Se dedicó a trabajar la tierra y fabricar matas las que luego vendía. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Contrajo matrimonio con una nativa pero no tuvo hijos.

Entre 1524 y 1525 se convierte al cristianismo y fue bautizado junto a su esposa, él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre".

Antes de su conversión Juan Diego ya era un hombre piadoso y religioso. Era muy reservado y de carácter místico, le gustaba el silencio y solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a 20 kilómetros de distancia, para recibir instrucción religiosa. Su esposa María Lucía falleció en 1529. En ese momento Juan Diego se fue a vivir con su tío Juan Bernardino en Tolpetlac, a sólo 14 kilómetros de la iglesia de Tlatilolco, Tenochtitlán. Durante una de sus caminatas camino a Tenochtitlán, que solían durar tres horas a través de montañas y poblados, ocurre la primera aparición de Nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como "Capilla del Cerrito", donde la Virgen María le habló en su idioma, el náhuatl.

Juan Diego tenía 57 años en el momento de las apariciones, ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los 40 años. Luego del milagro de Guadalupe Juan Diego fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, tras dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino. Pasó el resto de su vida dedicado a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo.

Murió el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años. Juan Diego fue beatificado en abril de 1990 por el Papa Juan Pablo II y proclamado santo el 31 de Julio de 2002 .

 

 

PRIMERA APARICIÓN

9 de Diciembre de 1531

 

“Era sábado muy de madrugada cuando Juan Diego venía en pos del culto divino y de sus mandatos a Tlatilolco.

Al llegar junto al cerrito llamado Tepeyacac, amanecía; y oyó cantar arriba del cerro; semejaba canto de varios pájaros; callaban a ratos las voces de los cantores; y parecía que el monte les respondía. Su canto, muy suave y deleitoso, sobrepasaba al del coyoltótotl y del tzinizcan y de otros pájaros lindos que cantan.

Se paró Juan Diego para ver y dijo para sí: “Por ventura soy digno de lo que oigo?, Quizás sueño?, Me levanto de dormir?, Dónde estoy?, Acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores?, Acaso ya en el cielo?” Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo, de donde procedía el precioso canto celestial.

Y así que cesó repentinamente y se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrito y le decían: “Juanito, Juan Dieguito.”

Luego se atrevió a ir a donde le llamaban. No se sobresaltó un punto, al contrario, muy contento, fue subiendo el cerrillo, a ver de dónde le llamaban.

Cuando llegó a la cumbre vio a una señora, que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara.

Llegado a su presencia , se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta, flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas; y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecilla que allí se suelen dar parecían de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro.

Se inclinó delante de ella y oyó su palabra, muy suave y cortés, cual de quien atrae y estima mucho.

Ella le dijo: “Juanito, el mas pequeño de mis hijos, dónde vas?”

El respondió: Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor”.

Ella luego le habló y le descubrió su santa voluntad. Le dijo: “Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive: del Creador cabe quien está todo: Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a tí, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores.

Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del Obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que deseo, que aquí me edifique un templo: le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que te lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato hijo mío el mas pequeño, anda y pon todo tu esfuerzo.”

Juan Diego contestó: Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo.”

Luego bajó, para ir a hacer su mandato; y salió a la calzada que viene en línea recta a México.”

 

SEGUNDA APARICIÓN

 

“Habiendo entrado sin delación en la ciudad, Juan Diego se fué en derechura al palacio del obispo que era el prelado que muy poco antes había venido y se llamaba Fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco.

Apenas llegó trató de verle; rogó a sus criados que fueran a anunciarle. Y pasado un buen rato, vinieron a llamarle, que había mandado el señor Obispo que entrara.

Luego que entró, en seguida le dió el recado de la Señora del Cielo; y también le dijo cuanto admiró, vió y oyó. Después de oír toda su plática y su recado, pareció no darle crédito. El Obispo le respondió; “Otra vez vendrás, hijo mío, y te oiré más despacio; lo veré muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con que has venido.” Juan Diego salió y se vino triste, porque de ninguna manera se realizó su mensaje.

En el mismo día se volvió; se vino derecho a la cumbre del cerrito, y acertó con la Señora del Cielo, que le estaba aguardando, allí mismo donde le vió la primera vez: “Señora, la mas pequeña de mis hijas. Niña mía, fuí a donde me enviaste a cumplir tu mandato, le vi y le expuse tu mensaje, así como me advertiste; me recibió benignamente y me oyó con atención; pero en cuanto me respondió, apareció que no lo tuvo por cierto.

Me dijo: Otra vez vendrás, te oiré mas despacio, veré muy desde el principio el deseo y voluntad con que has venido.

Comprendí perfectamente en la manera que me respondió que piensa que es quizás invención mía que tú quieres que aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales, conocido y respetado y estimado, le encargues que lleve tu mensaje, para que le crean; porque yo soy solo un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y tú, Niña mía, la mas pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro. Perdóname que te cause pesadumbre y caiga en tu enojo, Señora y Dueña mía.”

Le respondió la Santísima Virgen: “Oye, hijo mío el mas pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tu mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el mas pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al Obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad: que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía.”

Respondió Juan Diego: “Señora y Niña mía, no te cause yo aflicción; de muy buena gana iré a cumplir tu mandato; de ninguna manera dejaré de hacerlo ni tengo por penoso el camino. Iré a hacer tu voluntad, pero acaso no seré oído con agrado; o si fuese oído, quizás no me creerá. Mañana en la tarde cuando se ponga el sol vendré a dar razón de tu mensaje, con lo que responda el prelado. ya me despido, Hija mía, la mas pequeña, mi Niña y Señora. Descansa entretanto.”

Luego se fue él a descansar a su casa.

 

TERCERA APARICIÓN

 

“Al día siguiente, domingo muy de madrugada, salió de su casa y se vino derecho a Tlatilolco a instruirse de las cosas divinas y estar presente en la cuenta para ver en seguida al prelado. casi a las diez, se aprestó, después de que se oyó Misa y se hizo la cuenta y se dispersó el gentío. Al punto se fue Juan Diego al palacio del señor Obispo.

Apenas llegó, hizo todo empeño para verle: otra vez con mucha dificultad le vio; se arrodilló a sus pies; se entristeció y lloró al exponerle el mandato de la Señora del Cielo, que ojala que creyera su mensaje y la voluntad de la Inmaculada de erigirle su templo donde manifestó que lo quería.

El señor Obispo, para cerciorarse le preguntó muchas cosas, donde la vio y cómo era; y el refirió todo perfectamente al señor Obispo. Más aunque explicó con precisión la figura de ella y cuanto había visto y admirado, que en todo se descubría ser ella la siempre Virgen Santísima Madre del Salvador Nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, el (Obispo) no le dio crédito y dijo que no solamente por su plática y solicitud se había de hacer lo que pedía; que, además, era muy necesaria alguna señal para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del cielo.

Así que lo oyó dijo Juan Diego al Obispo: “Señor, mira cual ha de ser la señal que pides; que luego iré a pedírsela a la Señora del Cielo que me envió acá.” Viendo el Obispo que ratificaba todo sin dudar ni retractar nada, le despidió.

Mandó inmediatamente unas gentes de su casa, en quienes podía confiar, que le vinieran siguiendo y vigilando mucho a dónde iba y a quién veía y hablaba.

Así se hizo. Juan Diego se vino derecho y caminó la calzada; los que venían tras él, donde pasa la barranca, cerca del puente del Tepeyacac, le perdieron; y aunque más buscaran por todas partes, en ninguna le vieron.

Así es que se regresaron, no solamente porque se fastidiaron, sino también porque les estorbó su intento y les dio enojo.

Eso fueron a informar al señor Obispo, inclinándose a que no le creyera: le dijeron que nomás le engañaba; que nomás forjaba lo que venía a decir, o que únicamente soñaba lo que decía y pedía; y en suma discurrieron que si otra vez volvía le habían de coger y castigar con dureza, para que nunca más mintiera y engañara.

Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor Obispo; la que oída por la Señora le dijo: “Bien está hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido; con esto te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de tí sospechará; y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has emprendido; ea, vete ahora, que mañana aquí te aguardo.”

 

CUARTA APARICIÓN

 

“Al día siguiente, lunes, cuando tenía que llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando llegó a su casa, a un tío que tenía, llamado Juan Bernardino, le había dado enfermedad, y estaba muy grave. Primero fué a llamar a un médico y le auxilió; pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave.

Por la noche, le rogó su tío que de madrugada saliera y viniera a Tlatilolco a llamar a un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, porque estaba muy cierto de que era tiempo de morir y que ya no se levantaría ni sanaría.

El martes, muy de madrugada, se vino Juan Diego de su casa a Tlatilolco a llamar al sacerdote; y cuando venía llegando al camino que sale junto a la ladera del cerrillo del Tepeyacac, hacia el poniente por donde tenía costumbre de pasar, dijo: “Si me voy derecho, no sea que me vaya a ver la Señora, y en todo caso me detenga, para que lleve la señal al prelado, según me previno; que primero nuestra aflicción nos deje y primero llame yo de prisa al sacerdote; el pobre de mi tío lo está ciertamente aguardando.”

Luego dio vuelta al cerro; subió por entre él y pasó al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a México y que no le detuviera la Señora del Cielo.

Pensó que por donde dio la vuelta no podía verle la que está mirando bien a todas partes. La vio bajar de la cumbre del cerrillo y que estuvo mirando hacia donde antes él la veía. Salió a su encuentro a un lado del cerro y le dijo: “Que hay, hijo mío el mas pequeño? a dónde vas?”

Se apenó él un poco, o tuvo vergüenza, o se asustó. Se inclinó delante de ella y la saludó, diciendo: “Niña mía, la mas pequeña de mis hijas. Señora, ojala estés contenta. Como has amanecido? estás bien de salud, Señora y Niña mía? Voy a causarte aflicción: sabe, Niña mía, que está muy malo un pobre siervo tuyo, mi tío: le ha dado la peste, y está para morir. Ahora voy presuroso a tu casa de México a llamar a uno de los sacerdotes amados de Nuestro Señor, que vaya a confesarle y disponerle; porque desde que nacimos vinimos a aguardar el trabajo de nuestra muerte. Pero sí voy a hacerlo, volveré luego otra vez aquí, para ir a llevar tu mensaje. Señora y Niña mía, perdóname, tenme por ahora paciencia; no te engaño. Hija mía la mas pequeña, mañana vendré a toda prisa.”

Después de oír la plática de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen:

“Oye y ten entendido hijo mío el mas pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. No estoy yo aquí? No soy tu Madre? No estás bajo mi sombra? No soy yo tu salud? No estás por ventura en mi regazo? Qué mas has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que sanó.” (Y entonces sanó su tío, según después se supo).

Cuando Juan Diego oyó estas palabras de la Señora del Cielo consoló mucho; quedó contento. Le rogó que cuanto antes se despachara a ver al señor Obispo, a llevarle alguna señal y prueba, a fin de que creyera.

La Señora del Cielo le ordenó luego que subiera a la cumbre del cerrito, donde antes la veía. Le dijo: “Sube, hijo mío el mas pequeño, a la cumbre del cerrito; allí donde me viste y te dí órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia.”

Al punto subió Juan Diego al cerrillo. Y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tantas varias exquisitas rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan, porque a la sazón se encrudecía el hielo.

Estaban muy fragantes y llenas del rocío de la noche, que semejaba perlas preciosas. Luego empezó a cortarlas; las juntó todas y las echó en su regazo.

La cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, porque tenía muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites; y si se solían dar hierbecillas, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come y echa a perder el hielo.

Bajó inmediatamente y trajo a la Señora del Cielo las diferentes flores que fue a cortar; la que, así como las vio, las cogió con su mano y otra vez se las echó en el regazo, diciéndole: “Hijo mío el mas pequeño, esta diversidad de flores es la prueba y señal que llevarás al Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo; dirás que te mandé subir a la cumbre del cerrito, que fueras a cortar flores, y todo lo que viste y admiraste, para que puedas inducir al prelado a que dé su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido.”

Después que la Señora del Cielo le dio su consejo, se puso en camino por la calzada que viene derecho a México; ya contento y seguro de salir bien, trayendo con mucho cuidado lo que portaba en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos, gozándose en la fragancia de las variadas hermosas flores.

 

EL MILAGRO DE LA IMAGEN

 

Al llegar Juan Diego al palacio del Obispo salieron a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado.

Les rogó que le dijeran que deseaba verle; pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le oían, sea porque era muy temprano, sea porque ya le conocían, que solo los molestaba, porque les era inoportuno; además ya les habían informado sus compañeros que le perdieron de vista, cuando habían ido en su seguimiento.

Largo rato estuvo esperando. Ya que vieron que hacía mucho que estaba allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si acaso era llamado; y que al parecer traía algo que portaba en su regazo, se acercaron a él, para ver lo que traía y satisfacerse.

Viendo Juan Diego que no les podía ocultar lo que traía, y que por eso le habían de molestar, empujar y aporrear, descubrió un poco que eran flores; y al ver que todas eran diferentes, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se asombraron muchísimo de ello, lo mismo de que estuvieran muy frescas, y tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas. Quisieron coger y sacarle algunas; pero no tuvieron suerte las tres veces que se atrevieron a tomarlas; porque cuando iban a cogerlas ya no se veían verdaderas flores, sino que les parecían pintadas o labradas o cosidas en la manta.

Fueron luego a decirle al señor Obispo lo que habían visto y que pretendía verle el indito que tantas veces había venido; el cual hacía mucho que por eso aguardaba, queriendo verle.

Cayó, al oírlo, el señor Obispo en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito. En seguida mandó que entrara a verle.

Luego que entró, se humilló delante de él, así como antes lo hiciera, y contó de nuevo todo lo que había visto y admirado, y también su mensaje.

Juan Diego le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María preciosa Madre de Dios, que pedías una señal para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides, alguna señal y prueba para que se cumpla su voluntad.

Hoy muy temprano me mandó que otra vez viniera a verte; le pedí la señal para que me creyeras, según me había dicho que me la daría; y al punto lo cumplió; me despachó a la cumbre del cerrillo, donde antes ya la viera, a que fuese a cortar varias flores. Después que fui a cortarlas las traje abajo; las cogió con su mano y de nuevo las echó en mi regazo, para que te las trajera y a ti en persona te las diera.

Aunque yo sabía bien que la cumbre del cerrillo no es lugar para que se den flores, porque solo hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por eso dudé. Cuando fui llegando a la cumbre del cerrillo ví que estaba en el paraíso, donde había juntas todas las varias y exquisitas rosas de castilla, brillantes de rocío, que luego fui a cortar.

Ella me dijo por qué te las había de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal que me pides y cumplas su voluntad; y también para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje.

Helas aquí: recíbelas.”

Desenvolvió luego su manta, pues tenía en su regazo las flores; y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes flores, se dibujó en ella de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyacac, que se nombra Guadalupe.

Luego que la vio el señor Obispo, él y todos los que allí estaban, se arrodillaron; mucho la admiraron; se levantaron a verla, se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el corazón y el pensamiento.

El señor Obispo con lágrimas de tristeza oró y le pidió perdón de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato. Cuando se puso de pie desató del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibujó y apareció la Señora del Cielo.

Luego la llevó y fue a ponerla en su oratorio. Un día mas permaneció Juan Diego en la casa del Obispo, que aún le detuvo.

Al día siguiente le dijo: “Ea, a mostrar dónde es voluntad de la Señora del Cielo que le erijan su templo.” Inmediatamente se invitó a todos para hacerlo.

 

APARICIÓN A JUAN BERNARDINO

 

No bien señaló Juan Diego dónde había mandado la Señora del Cielo que se levantara su templo, pidió licencia de irse. Quería ahora ir a su casa a ver a su tío Juan Bernardino; el cual estaba muy grave cuando le dejó y vino a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, y le dijo la Señora del Cielo que ya había sanado.

Pero no le dejaron ir solo, sino que le acompañaron a su casa. Al llegar vieron a su tío que estaba muy contento y que nada le dolía.

Se asombró mucho de que llegara acompañado y muy honrado su sobrino; a quien preguntó la causa de que así lo hicieran y que le honraran mucho. Le respondió su sobrino que, cuando partió a llamar al sacerdote que le confesara y dispusiera, se le apareció en el Tepeyacac la Señora del Cielo; la que, diciéndole que no se afligiera que ya su tío estaba bueno, con mucho se consoló, le despachó a México, a ver al señor Obispo, para que le edificara una casa en el Tepeyacac. Manifestó su tío ser cierto que entonces le sanó y que la vio del mismo modo en que se aparecía a su sobrino; sabiendo por Ella que le había enviado a México a ver al Obispo.

También entonces le dijo la Señora de cuando él fuera a ver al Obispo, le revelara lo que vio y de que manera milagrosa le había sanado; y que bien le nombraría, así como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

Trajeron luego a Juan Bernardino a presencia del señor obispo; a que viniera a informarle y atestiguar delante de él.

A ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en su casa algunos días, hasta que se erigió el templo de la Reina en el Tepeyacac, donde la vio Juan Diego.

El señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo: la sacó del oratorio de su palacio donde estaba, para que toda la gente viera y admirara su bendita imagen.

La ciudad entera se conmovió: venía a ver y admirar su devota imagen y a hacerle oración. Mucho le maravillaba que se hubiese aparecido por milagro divino; porque ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen.

 

 

"UN GRAN ENIGMA DE NUESTRO TIEMPO"

 

UNA IMAGEN CON MUCHOS ENIGMAS

 

Hasta aquí la descripción que el Nican Mopohua hace sobre las apariciones. Pero el misterio de Guadalupe no termina con las múltiples apariciones de la Virgen. Lo que realmente diferencia al culto mariano de Guadalupe es el ya mencionado manto o tilma donde quedó impresa la imagen de la misteriosa Señora.

Los diversos análisis realizados sobre tan venerada reliquia han arrojado unos resultados realmente sorprendentes en distintos aspectos, habiéndose ganado por ello el calificativo de "achiropita" -imagen no hecha por mano de hombre".

 

UNA EXTRAORDINARIA CONSERVACIÓN

 

Uno de los aspectos que más ha sorprendido a los estudiosos es el excelente estado de conservación de la tilma o ayate con la imagen de la guadalupana. En la actualidad, dicha tilma se encuentra protegida por un grueso cristal que la protege contra agentes externos como el polvo, humos, etc.

Sin embargo esto no ha sido así siempre. Durante los primeros 116 años, la imagen estuvo expuesta a los fieles, al humo de velas e incienso y, sobre todo a la humedad y salitre propias de la zona en la que se encontraba (en aquella época las aguas del lago de Texcoco llegaban cerca del cerro de Tepeyac).

Si a todo esto unimos las continuas frotaciones que cientos de miles de fieles realizaron con estampas, medallas, etc... y la escasa calidad de la tilma -de una fibra rudimentaria-, resulta verdaderamente asombroso que el manto se encuentre en tan buen estado. Los propios científicos y restauradores de obras de arte han coincidido en este extremo.

 

NI RESTO DE PINTURA

 

En 1936, un análisis realizado por el doctor Richard Kuhn (premio Nóbel de Química en 1938) sobre varios hilos del manto arrojaban un resultado sorprendente:

"... en las dos fibras -una de color rojo y otra amarilla- no existían colorantes vegetales, ni colorantes animales, ni colorantes minerales."

Los análisis del Dr. Kuhn no dejaban lugar a la duda: la imagen de la tilma no había sido realizada mediante procedimientos pictóricos convencionales.

Sin embargo, otro análisis -esta vez realizado en 1980- vendría a completar el realizado por Kuhn. El nuevo análisis fue llevado a cabo por Jody Brant Smith (miembro del equipo de la NASA que estudió en su día la Sábana Santa) y Philip Serna Callagan (también miembro de la NASA y gran experto en pintura) y consistió en una serie de fotografías infrarrojas tomadas a escasos centímetros de la tilma.

Los resultados -al igual que sucediera con el análisis de Kuhn- fueron tan increíbles como desconcertantes. Al parecer numerosas partes de la imagen actual, como los rayos solares, las estrellas o la fimbria del manto son el resultado de diferentes retoques que la imagen habría sufrido a lo largo de su historia.

Sin embargo, la imagen original no contenía materia pictórica y tampoco se apreciaban pinceladas ni trazos que explicaran la formación de la misteriosa imagen. La conclusión de los científicos estadounidenses no dejaba lugar a la duda: la figura original es del todo punto INEXPLICABLE. El enigma estaba servido.

 

UNOS OJOS QUE ENCIERRAN UN ENIGMA

 

A pesar de los sorprendentes descubrimientos obtenidos con los diversos análisis sobre la tilma, el misterio más desconcertante y espectacular de los que guarda La Virgen de Guadalupe se encuentra en los ojos de la Señora. En 1929, Alfonso Marcué -fotógrafo oficial de la vieja basílica de Guadalupe- descubría en una fotografía en blanco y negro algo que lo dejó perplejo: en los ojos de la Virgen aparecía el rostro de un hombre con barba.

Cuando se hubo asegurado por completo de su descubrimiento lo puso en conocimiento de la jerarquía católica de México. Sin embargo, Marcué fue obligado a guardar silencio por los religiosos. Así, el fabuloso descubrimiento permaneció oculto durante 22 años.

Sería otro hombre, el dibujante Carlos Salinas, quien tras conocer la existencia de la "anomalía" se volcase en el estudio de los ojos de la guadalupana. El 29 de mayo de 1951 descubriría en la pupilas de la imagen lo que él identifico como "la cabeza de Juan Diego".

Unos meses más tarde, en septiembre de ese mismo año, Salinas pudo inspeccionar y fotografiar la tilma sin el cristal que la protege, corroborando lo que ya había visto en fotografías. A partir de entonces numerosos médicos y oftalmólogos inspeccionaron y analizaron el milagroso ayate. Todos llegaron a la misma conclusión: "allí aparece un busto humano".

A pesar de los diversos análisis sobre los ojos de la guadalupana, la cosa no avanzaría mucho hasta 1979. Fue en ese año cuando el profesor José Aste Tonsmann (miembro del Centro Científico de IBM) tuvo la idea de digitalizar y ampliar las fotografías de los ojos de la Virgen.

Fue así como descubrió las figuras de varios personajes, entre ellas la de un "indio sentado" y varias personas arrodilladas en actitud de reverencia. En opinión de los diversos estudiosos, y siguiendo el relato aparecido en el Nican Mopohua, estas figuras se corresponderían con las del indio Juan Diego, el obispo Zumárraga y las demás personas presentes en el momento en que el "indito" desplegó la tilma, mostrando la imagen de la Virgen.

Para algunos de los estudiosos de la tilma estas imágenes no son otra cosa que el último de los milagros de la guadalupana, un mensaje colocado en los ojos de la imagen para que fueran descubiertos sólo cuando la humanidad alcanzase cierto desarrollo tecnológico. Un mensaje, en definitiva, colocado para demostrar la veracidad de unos hechos que cambiaron la historia del Nuevo Mundo.

 

 

ALGUNOS ELEMENTOS DE DESCRIPCIÓN DE LA IMAGEN DE GUADALUPE

 

La estatura de la Virgen en el ayate es de 143 centímetros y representa a una joven cuya edad aproximada es de 18 a 20 años. Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.

Sus manos están juntas en señal del recogimiento de la Virgen en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas. Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas era señal de una mujer glorificada con un hijo en el vientre. Está embarazada. Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que trasversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.

La flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin: es el símbolo principal en la imagen de la Virgen, es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo. En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesús en su vientre.

Las Estrellas del Manto de la Virgen.

El Día del Milagro

El martes 12 de diciembre de 1531 ocurrió la aparición de la Santa Imagen de la Virgen de Guadalupe en el ayate de Juan Diego. La mañana de ese mismo día tuvo lugar el solsticio de invierno, que para las culturas prehispánicas significaba: el Sol moribundo que vuelve a cobrar vigor, el nacimiento del nuevo Sol, el retorno de la vida. Ya que el solstico de invierno es el punto en el cual la tierra, en su recorrido en torno al Sol, da un cambio de dirección en su orbita y comienza a acercarse al astro rey. Con este cambio de dirección se tiene la impresión de que el Sol va recobrando su fuerza y que el invierno va debilitándose.

Para los indígenas el solsticio de invierno era el día más importante en su calendario religioso, era el día en que el Sol vence a las tinieblas y surge victorioso. Por esto no es casual que precisamente en ese día la Virgen de Guadalupe haya presentado a su Hijo Jesús a los pueblos indígenas porque así ellos pudieron comprender que Ella traía en su seno al Dios verdadero.

¿Qué hay en el Manto de la Virgen de Guadalupe?

De acuerdo con el doctor Juan Homero Hernández Illescas se comprueba, con admirable exactitud, que en el manto de la Virgen de Guadalupe está reproducido el cielo del momento de la aparición: la mañana del solsticio de invierno de 1531.

En el manto están representadas las estrellas más brillantes de las principales constelaciones visibles desde el Valle del Anáhuac aquella madrugada del 12 de diciembre de 1531. Allí están las constelaciones completas. Las estrellas se encuentran agrupadas como en la realidad. Deslumbrantes testimonian la grandeza del milagro.

 

LAS CONSTELACIONES DEL MANTO

 

 

A) Lado Izquierdo de la Virgen

En el lado izquierdo del manto de la Virgen (a nuestra derecha porque la vemos de frente) se encuentran “comprimidas” las constelaciones del sur:

Cuatro estrellas que forman parte de la constelación de Ofiuco (Ophiucus). Abajo se observa Libra y a la derecha, la que parece una punta de flecha corresponde al inicio de Escorpión (Scorpius). Intermedias con la porción inferior, se pueden señalar dos de la constelación de Lobo (Lupus) y el extremo de Hidra (Hydra). Hacia abajo se evidencia la Cruz del Sur (Crux) sin ninguna duda, y a su izquierda aparece el cuadrado ligeramente inclinado de la constelación de Centauro (Centaurus). En la parte inferior, solitaria, resplandece Sirio.

B) Lado Derecho de la Virgen

En el lado derecho del manto de la Virgen se muestran las constelaciones del norte:

En el hombro, un fragmento de las estrellas de la constelación de Boyero (Bootes), hacia abajo a la Izquierda le sigue la constelación de la Osa Mayor (Ursa Maior) en forma de una sartén. La rodean: a la derecha arriba, la cabellera de Berenice (Coma Berenices), a la derecha abajo, Lebreles (Canes Venatici), a la izquierda Thuban, que es la estrella más brillante de la constelación de Dragón (Draco).

Por debajo de dos estrellas (que todavía forman parte de la Osa Mayor), se percibe otro par de estrellas de la constelación del Cochero (Auriga) y al oeste, hacia abajo, tres estrellas de Tauro (Taurus). De esta manera, quedan identificadas en su totalidad y en su sitio, un poco comprimidas, las 46 estrellas más brillantes que rodean el horizonte del Valle de México.

Conclusión

La extraordinaria distribución de las estrellas en el manto de la Virgen no puede ser producto del azar. Pues ninguna distribución al azar puede representar con exactitud y en su totalidad las constelaciones de estrellas de un momento determinado. De hecho, un estudio iconográfico de 150 pinturas de la Virgen de Guadalupe de los siglos XVII y XVIII, realizado por el Dr. Hernández, no encontró ni una sola copia en la cual se pudieran reconocer las constelaciones presentes en la tilma de Juan Diego.

En opinión del Dr. Juan Homero Hernández Illescas, la Virgen de Guadalupe aparece completa en el firmamento para ofrecer, con su manto celestial, protección a todo el mundo.

 

 

LA VIRGEN Y LA PROPORCIÓN DORADA

 

QUE ES LA PROPORCIÓN ÁUREA

La crítica artística afirma que una obra es bella y perfecta cuando encuentra en ella armonía entre el color, la línea, la luz y la composición, entre otros elementos. Una de las formas más bellas para lograr esta armonía es por medio de la llamada proporción dorada o áurea. La imagen original de la Virgen de Guadalupe estampada en el ayate del indio Juan Diego cumple con esta perfección extraordinaria, de acuerdo con el análisis que de la tilma ha hecho el doctor Juan Homero Hernández Illescas.

La proporción dorada está formada por un cuadrado al que se le agrega un rectángulo, para formar un espacio donde el lado menor corresponde al mayor en una relación de 1 a 1.6181... denominada número áureo.

La proporción dorada se encuentra en todas las manifestaciones del arte desde Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, hasta nuestros días. Se emplea en la escultura, la arquitectura, la pintura y se existe entre las diferentes partes del hombre, de los animales y de las plantas, actuales o fósiles. También aparece misteriosa en la música, la literatura (en especial en la poesía), en el microcosmos (en la forma en la que se agrupan los átomos) y en las galaxias, es decir, en el macrocosmos.

Es patrón universal e intemporal de perfección, equilibrio, balance, elegancia, delicadeza y belleza. Al analizar la imagen original de la Virgen de Guadalupe encontramos el cuadrado de la proporción dorada. A partir de éste aparecen más cuadriláteros y rectángulos en toda la figura, así como formas verticales y horizontales simétricas.

De manera maravillosa, justo en el vientre de la Virgen Morena, se enmarca, con base en el teorema de Pitágoras y muchos otros símbolos derivados de la proporción áurea, el Nahui Ollín, la flor náhuatl de cuatro pétalos, que para las antiguas culturas mesoamericanas representaba la presencia de Dios, el centro del espacio y del tiempo. Con el Nahui Ollín en su vientre la Virgen de Guadalupe confirma a los indígenas que es la madre del Dios Verdadero, Jesucristo, que ella trae al Nuevo Mundo para darlo a conocer. Es precisamente la parte más importante del ayate de Juan Diego.

La Guadalupana es portadora de un mensaje cristocéntrico que los indígenas pudieron comprender inmediatamente, por eso se convierte en la primera y más importante evangelizadora de América.

Fuente: tomada del libro La Virgen de Guadalupe y la Proporción Dorada, Dr. Juan Homero Hernández Illescas, Centro de Estudios Guadalupanos.

 

 

EN EL SIGLO DEL ATEÍSMO, MILAGROS QUE DESCONCIERTAN A LA CIENCIA

La Virgen de Guadalupe deslumbraba con su prodigiosa variedad de significados simbólicos pero la pintura escondía aún otras maravillas simbólicas, cuya revelación Dios reservaba para varios siglos después: precisamente para nuestra época de incredulidad y apostasía, como preludiando una nueva y más prodigiosa conversión...

● Los primeros exámenes científicos a que la tilma fue sometida, en 1666 y en 1787, concluyeron que la pintura no era obra de pincel ni otro medio humano conocido, y que su conservación era humanamente inexplicable (la fibra de magüey no dura más de 20 años, y la humedad salitrosa del lugar la corrompe rápidamente).

● Estas conclusiones fueron confirmadas en 1954 por el profesor español Francisco Camps Ribera, autoridad europea y mundial en técnicas pictóricas, quien observó que la burda tela absolutamente no ofrecía condiciones para pintar trazos tan delicados sobre ella, y que en la imagen no hay huella de pincel.

● Pero lo más asombroso es que ¡tampoco hay pintura! En 1936 el profesor de química de la Universidad de Heidelberg Richard Kühn, de origen judío y Premio Nobel de Química 1938, dictaminó que en el diseño de la imagen no existe ningún colorante conocido, ni animal, ni vegetal, ni mineral. Es materia desconocida.

● Las fotografías en infrarojo de la imagen tomadas en 1946, de frente (der.) y al dorso (izq.), revelaron la ausencia completa de trazos de pincel y de cualquier otra técnica pictórica conocida Las fotografías en infrarrojo tomadas por Jesús Cataño en 1946, de ambos lados de la tilma, corroboran que no hay huellas de pincel ni de otro medio conocido. Junto con el Santo Sudario de Turín, esta es la única imagen calificada con el vocablo griego aceiropoivhtoV (literalmente “pintada sin el uso de manos”).

 

● Esto fue nuevamente confirmado por las fotografías con rayos infrarojos obtenidas en 1979 por los científicos de la NASA Jody Brand Smith y Philip S. Callaghan. Ellos concluyeron que “la técnica empleada es desconocida en la historia de la pintura. Es inusual, incomprensible e irrepetible”.

● Como también es inexplicable que el color de la pintura se mantenga vivo y remozado después de cinco siglos, sobre una tela que debería haberse deshecho en pocos años, increíblemente conservada en perfecto estado hasta hoy.

● Pero hay más. En 1929 el fotógrafo Alfonso Marcué había descubierto que en el ojo derecho de la imagen se refleja el busto de un hombre, posiblemente Juan Diego o el Obispo Zumárraga. La persecución anticatólica que se vivía entonces en México impidió llevar adelante las investigaciones. Pero en 1951 el dibujante Carlos Salinas, examinando fotografías ampliadas de la imagen, reconoció esa misma figura reflejada en las córneas de ambos ojos. Esto fue confirmado por una comisión de 20 oculistas, químicos, optometristas y diseñadores tras 8 años de investigaciones

● Tres destacados oftalmólogos, los doctores Rafael Torija Lavoignet, Enrique Graue Díaz-González, y Amado Jorge Kuri, examinaron separadamente los ojos de la imagen con instrumentos de mucha precisión y llegaron a una misma conclusión, que parecen “ojos vivos”. Graue los examinó con un oftalmoscopio de alta potencia y descubrió una luminosidad en las pupilas: “Uno pasa el haz de luz en los ojos de la Virgen de Guadalupe y ve cómo brilla el iris y cómo el ojo adquiere profundidad. ¡Es algo que emociona!... le recuerdan a uno los ojos de una persona viva”

El fabuloso porvenir católico de América Latina

● Las sorpresas no paran ahí: en diciembre de 1981 los astrónomos del observatorio Laplace de México, P. Mario Rojas, y el Dr. Juan Homero Hernández Illescas verificaron que las estrellas que aparecen en la pintura corresponden a la posición de las constelaciones en el cielo de México en la madrugada del propio día de la aparición, 12 de diciembre de 1531. Se identifican del lado derecho las constelaciones de Libra, Escorpión, Hidra, Centauro y nuestra Cruz del Sur; y al lado izquierdo Boyero, Osa Mayor, Berenice, Lebrel, Tauro y Dragón. ¡El simbolismo de la Reina del Cielo!

● Otro detalle asombroso: la tilma está colocada sobre una placa metálica cuya temperatura es de 15° C., pero el tejido tiene una temperatura de 36,5°C., correspondiente a la de un cuerpo humano vivo normal Lo que caracteriza estos hallazgos realizados en el siglo XX es que ninguno de ellos tiene explicación científica. Estamos, pues, delante de un milagro ocurrido hace cinco siglos, que continúa desdoblándose hasta hoy, en nuevos y prodigiosos sub-milagros...

Esta secuencia maravillosa, ¿qué otras maravillas augura? Sin duda, con ella la Santísima Virgen nos muestra un acercamiento a los fieles de México y de toda América Latina, inédito en la Historia. Por cierto hay en esa proximidad un grand dessein, una celestial y grandiosa intención. Sus ojos benignos puestos sobre el Continente mestizo indican una especialísima predilección.

Más aún, el hecho de que la raza americana aparezca reflejada en esos “ojos misericordiosos”, le da al milagro de Guadalupe una dimensión profética. Y nos comunica la luminosa certeza de que el triunfo universal del Inmaculado Corazón de María, que la misma Virgen prometió en Fátima, tendrá en América Latina —el continente mariano por excelencia— un protagonista de excepción, para construir aquí una nueva civilización cristiana de grandeza inimaginable.

 

 

MILAGRO EN LA BASÍLICA DE GUADALUPE

 

Durante una misa ofrecida por los niños mártires abortados se produjo un milagro en presencia de miles de testigos.

 

Luego de la celebración de la santa misa los peregrinos comenzaron a observar atónitos y a tomar fotos del Ayate del Tepeyac al ver con sus propios ojos como desde el vientre de la imagen comenzó a brillar una intensa luz.

 

La imagen de la Virgen comenzó como a "retirarse" y comenzó a brillar una luz intensa que salía de su vientre , esta luz tomó forma de un embrión.

 

Dicha forma coincide exactamente tanto en forma como también en su ubicación al de un embrión en el vientre materno.

 

 

 

 

 

EL SANTO ROSARIO HISTORIA DEL SANTO ROSARIO

Se dice usualmente que la práctica del rosario comenzó, cuando los laicos imitaban el oficio monástico ( Breviario o Liturgia de la Horas ) en el que los monjes oraban los 150 Salmos. Los laicos, cuya mayoría no podía leer, sustituían 50 ó 150 Ave Marías por los Salmos. Algunas veces usaban un cordón con un contador para llevar la cuenta exacta.

La primera clara referencia del rosario se tiene de la vida de Santo Domingo ( + 1221 ), el fundador de la Orden de Predicadores o Dominicos. Él predicaba una forma de rosario en Francia cuando la herejía albigense estaba devastando la fe en ese país. La Tradición dice que la misma Santa Madre, pidió la práctica del rosario como un antídoto contra la herejía y el pecado.

Uno de los futuros discípulos Dominicos, Alain de Roche, comenzó a establecer Fraternidades del Rosario, para promover el rezo del mismo. La forma del rosario que se reza hoy en día se cree que viene de esta época. Por siglos los santos y los papas han recomendado con insistencia el rosario, la mejor oración de la Iglesia después de la Misa y de la Liturgia de las Horas. No es de extrañar que sus mayores promotores son los Dominicos.

Rosario significa una corona de rosas, un ramo espiritual dado a la Santa Madre. Algunas veces es llamado el Rosario Dominico, para distinguirlo de otros rosarios como oraciones ( El Rosario Franciscano de los Siete Gozos, el Rosario Servita de los Siete Dolores ). También es en un sentido general una forma de coronilla ( en referencia a una corona ), de la cual hay muchas variedades en la Iglesia. Finalmente en Inglés ha sido llamado " El Salterio de Nuestra Señora " o " las cuentas ". Esta última deriva de una antigua palabra inglesa para oraciones (bede) y petición (biddan ).

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EL SANTO ROSARIO « El Rosario de la Virgen María...
es una oración apreciada por numerosos Santos y
fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad,
sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado
una oración de gran significado, destinada a producir frutos
de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de
un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido
nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el
Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (Duc in altum!), para anunciar, más aún, 'proclamar' a Cristo al mundo como Señor y
Salvador, 'el Camino,la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6), el 'fin de
la historia humana, el punto en el que convergen los deseos
de la historia y de la civilización'.» *

« El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su
carácter mariano, es una oración centrada en la cristología.
En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad
de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio.
En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat
por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal.
Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la
belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de
su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes
gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la
Madre del Redentor ».*

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  • #1

    Claudia Ruiz (domingo, 13 abril 2014 23:50)

    Nos interesa conseguir la imagen de la Virgen de Guadalupe cargando los bebés abortados con una mayor resolución para imprimirla e incluirla en un rosario grande que estamos por realizar. Cómo podemos obtenerla? MIl gracias!

ORACIÓN

A LA VIRGEN DE GUADALUPE

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

VIRGAN MARIA BAJO TODAS LAS ADVOCASIOS SED NUESTRA ABOGADA EN TODAS NUESTROS ASUNTOS AQUI EN LA TIERRA PERO PRINCIPALMENTE SED NUESTRA ABOGADA EN EL CIELO EN EL DIA DEL JUICIO FIAL AMEN

NO MAS ABORTOS LOS QUE ESTAN A FAVOR EL ABORTO NACIERON            VIRGEN DE GUADALUPE SALVAR ALMAS

EL SANTO ROSARIO LAS QUINCE PROMESAS

DE LA VIRGEN MARÍA

A QUIENES RECEN EL ROSARIO [1]

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

frases de maria “a Jesús por María, porque hay que respetar el plan divino” Cardenal Mercier.

A Jesús siempre se va y se "vuelve" por María. San Josemaría Escrivá de Balaguer

A María, nuestra Madre, le demostraremos nuestro amor trabajando por su Hijo Jesús, con Él y para Él. Madre Teresa de Calcuta

«A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen María» San Luis María Grignon de Monfort

Acuérdate, acuérdate, dulce, escogida Reina, que tienes de nosotros, los hombres pecadores, toda tu dignidad. ¿Cómo te llamarías Madre de la gracia y la misericordia a no ser por nuestra miseria que necesita de gracia y de misericordia. Miguel de Unamuno

Alabadle, hijas mías, que lo sois de esta Señora verdaderamente; y así no tenéis para qué os afrentar de que sea yo ruin, pues tenéis tan buena madre. Imitadla y considerad qué tal, debe ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por patrona. Santa Teresa de Jesús

Amad, honrad, servid a María. Procurad hacerla conocer, amar y honrar por los demás. No sólo no perecerá un hijo que haya honrado a esta madre, sino que podrá aspirar también a una gran corona en el cielo. San Juan Bosco

Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará. Prov 8, 17

Amor, ternura, abnegación, sacrificio, todo esto es madre. Y todo esto es para nosotros María. Mn. Josep Comerma

Antes de morir Jesús ofrece al apóstol Juan aquello más precioso que posee: su Madre, María, quien «a los pies de la Cruz, en Juan, acoge en su corazón a toda la humanidad». Juan Pablo II

Antes de que Jesús viniese al mundo, María era como si fuese un solitario ante la muerte. Ya que sólo Jesús podía darle una compañía digna. Berulle.

Antes, solo, no podías... —Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué fácil! San Josemaría Escrivá de Balaguer

Aquél "conservaba todas las Palabras en su corazón " cf. Sal. 119,11 significa que las vivía. María era totalmente la Palabra, sólo la Palabra. Chiara Lubich

Así como la aurora es el fin de la noche, así el nacimiento de María es el fin de nuestros dolores y el comienzo de nuestro consuelo. R.Deutz

Así como las grandes catedrales dedicadas a nuestra Señora son tabernáculos del Santísimo Sacramento, así brilla María en la Iglesia como su custodia. Zundel

Así como el demonio anda buscando a quien devorar, de la misma manera María anda en busca de quien salvar y a quien dar la vida. San Bernardino

Así como cuando vivía Jesús iba usted, ¡Oh Madre!, con el cántaro sobre la cabeza a sacar agua de la fuente, venga ahora a tomar agua de la gracia y tráigala, por favor, para nosotros que tanto la necesitamos. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

Bienaventurada María, la mil veces nombrada de distinta manera, porque el Señor ha mirado la humildad de su sierva, y por eso te llamarás, te llamaremos, Señora de la Viña y de la Oliva, del Mar y de la Montaña, del Castañar y del Pino, y del Arroyo y de la Cañada, y de los Azahares y del Romero, de Atocha, del Juncal, del Acebo, del Brezo y del Henar. Tantas cosas sencillas, flores, palabras de cada día del labriego, del pastor, del caminante… Alejandro Fernández Pombo

Bienaventurada, María!, porque aceptaste el extraño devenir de los acontecimientos en el excelso nacimiento de Nuestro Señor, en la humildad del silencio… Enséñame a no buscar las glorias humanas, sino sólo la de Dios.

¡Bienaventurada, María!, porque, aturdida por haber perdido a tu divino Hijo en el templo, suspiste aceptar la Palabra del Niño, callar y confiar… Enséñame a escuchar, no sólo oír, y callar prudente ante los que, a veces, considero errores ajenos…

Gustavo Villapalos

Bienaventurada te llamo con los hombres y mujeres de mi generación. Cuando tantos creen que esto va mal y que tu Hijo y tú os habéis alejado y sois sólo un recuerdo en el horizonte.

Bienaventurada te llamo con los de hoy, así como somos, con tanta injusticia —como siempre—, pero ganando espacio a los campos sin tanques, y al número de los que se ufanaban de matar al discrepante, ¡incluso en el nombre de tu Hijo! Venancio-Luis Agudo

¡Cantar, María quisiera por qué te amo! Por qué tu dulce nombre me hace saltar de gozo el corazón. Y por qué el pensamiento de tu suma grandeza a mi alma no podría inspirarle temor. Santa Teresa del Niño Jesús

Compare su dolor. Nada hay que se le asemeje. Es su único Hijo, muerto, destrozado por los pecadores. Y a la vista del cuerpo ensangrentado de su Dios, de las lágrimas de su Madre María, aprenda a sufrir resignado, aprenda a consolar a la Ssma. Virgen, llorando sus pecados. Santa Teresa de los Andes

Con el trasfondo de las Avemarías del Rosario, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. Los misterios del Rosario nos ponen en comunión vital con Jesús a través del Corazón de su Madre. SS. Juan Pablo II

Con la obediencia de María conquistamos nuestra libertad de cristianos. Miguel de Unamuno

Contemplando a su buena Madre, el enamorado san Bernardo le dice con ternura: "¡Oh excelsa, oh piadosa, oh digna de toda alabanza Santísima Virgen Maria, tu nombre es tan dulce y amable que no se puede nombrar sin que el que lo nombra no se inflame de amor a ti y a Dios; y sólo con pensar en él, los que te aman se sienten más consolados y más inflamados en ansias de amarte!" Glorias de María, San Alfonso María de Ligorio

Con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad. Juan Pablo II

Confía. —Vuelve. —Invoca a la Señora y serás fiel. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Confíe todo a la Ssma. Virgen. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos. Santa Teresa de los Andes

Cristo está aún muy alto; aparece a los débiles casi inalcanzable. A él se va por María, la humilde y obediente. Miguel de Unamuno

Cuando el Espíritu Santo encuentra a María en un alma, se siente atraído irresistiblemente hacia ella y en ella hace su morada. San Luis María Grignión de Montfort

Cuando el mayor anhelo de toda joven judía, su gloria y su honra, era poder ser la madre del Mesías, María ofreció su virginidad, renunciando así al destino de toda doncella hebrea, al destino de gloria. Y por haber renunciado a ese destino, se lo concedió el Señor. Es el caso más hondo de hallarlo todo por haber renunciado a todo. Miguel de Unamuno

Cuando leo que Ella estuvo junto a la cruz, no leo que lloró allí. Mientras los apóstoles huían, Ella estaba de pie junto a la cruz. Ninguna otra cosa hubiese sido decorosa en la madre de Cristo. San Ambrosio.

"Cuando participe en la Eucaristía, ocupe un lugar bien cerca de la madre de Jesús, allí al pie de la Cruz, donde estaba San Juan. Ella le enseñará como debe ofrecer ese santo sacrificio. Ricardo Zimbrón Levy, M.Sp.S

Cuando sufra, mire a su Madre Dolorosa con Jesús muerto entre sus brazos. Santa Teresa de los Andes

Cuanto la Virgen quiere, lo obtiene, ya que sus plegarias nunca quedan desatendidas. Papa Pío IX

"Dadme un ejercito que rece el Rosario y lograré con el conquistar el mundo". SS. Pío X.

Deberíamos hacer con los pobres lo que hizo María con su prima Isabel: ponernos a su servicio. Madre Teresa de Calcuta

“Di todos los días, alma mía, alabanzas a la Virgen; honra sus fiestas y sus acciones maravillosas- Contempla y admira su grandeza, cuenta la felicidad de la Madre, di la felicidad a la Virgen” San Anselmo

Decimos madre de Dios y lo decimos tranquilamente, con la misma naturalidad con que decimos la madre de Carlos o de Carlota. Sin embargo, esa expresión está reclamando nuestro estupor, incluso cierta resistencia, cierto escándalo. Madre de Dios. En el límite del lenguaje y al borde mismo del absurdo, hemos tenido que hablar así: Dios, que es incapaz de hacer otros Dios, hizo lo más que podía hacer, una madre de Dios. José María Cabodevilla

Dios habla a los hombres a través de esa belleza única llamada María", Madre de Dios y Madre nuestra. SS. Juan Pablo II

“Dios no se comunica ordinariamente a los hombres, en orden a la gracia, sino por María” Santo Tomás de Aquino

Dios no concede gracia alguna a los mortales sin hacerla pasar por las manos de María. San Bernardo

Dios no nos salvará sin la intercesión de María. San Jerónimo

Dios nos busca a cada uno de nosotros como buscó a María. Tiene una propuesta para nuestra vida. Álvaro Ginel

Dios os salve, María, Madre de Dios. En Vos está y estuvo todo la plenitud de la gracia y todo bien. San Francisco de Asís

Donde no se encuentra nuestra Señora, Cristo se oculta, Dios desaparece, y ya no existe garantía de nada. Dillensberger.

Durante mi vida llegué hasta el ateísmo intelectual, hasta imaginar un mundo sin Dios, pero ahora veo que siempre conservé una oculta fe en la Virgen María. En momentos de apuro se me escapaba maquinalmente del pecho esta exclamación: Madre de Misericordia, favoréceme. Miguel de Unamuno

El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza. San Josemaría Escrivá de Balaguer

El camino para llegar a Cristo es acercarse a María; los que de Ella huyen no encontrarán la paz. San Buenaventura

El canto de la humanidad es el Magnificat, así como su oración es el Padre Nuestro. Miguel de Unamuno

El mejor culto que podemos dar a María es imitarla en las disposiciones íntimas que vemos en ella y en la práctica de todas sus virtudes. Clemente Arranz Enjunto

El número de las mujeres es incontable como el de las estrellas. De una de ellas, de una humilde doncella hebrea, María, se sirvió Dios para la obra de la redención. Miguel de Unamuno

“El que es muy devoto de María será ciertamente muy amante de Jesús” San Marcelino Champagnat

El Rosario de la Virgen Maria, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. Sigue siendo también en este Tercer Milenio, una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. SS. Juan Pablo II

El Rosario, en su sencillez y profundidad, es un verdadero compendio del Evangelio y conduce al corazón mismo del mensaje cristiano. SS. Juan Pablo II

El Espíritu Santo no se encarna en el espacio, pero tiene en María el receptáculo singular y muy particular de su presencia. Pablo Evdokimov

EL nombre de María es la alegría para el corazón, miel para los labios y la melodía para el oído de sus devotos. San Antonio de Padua

"El que quiere de veras parecerse a Jesús, debe imitarle principalmente en el amor a su Padre celestial y a su Madre Inmaculada, en la que quiso revestirse de nuestra humanidad." Beata Savina Petrilli

“El reino de Cristo no vendrá, si antes la tierra no ha sido cubierta con la sombra fecunda de María” (San Ambrosio)

El Rosario es al mismo tiempo una oración sencilla y teológicamente rica en contenidos bíblicos. SS. Juan Pablo II

El Rosario es de todas las oraciones, la más bella, la más rica en gracias y la que más complace a la Santísima Virgen. SS. Pío X

El Rosario es el mejor de los rezos. San Francisco de Sales.

El Rosario es una espada llameante y una armadura impenetrable que nos pondrán a cubierto de los más temibles asaltos del mundo, del demonio y de la carne, y nos harán vencedores de todos los enemigos. Beato Alano de Rupe

El Rosario es repasar los misterios del Hijo con los ojos de la Madre. Autor desconocido

El Rosario es unos de los medios más poderosos que tenemos para aliviar a las almas del Purgatorio. San Alfonso María Ligorio

El Rosario propone a todos los fieles cómo se acoge, se guarda y se vive cada palabra y acontecimiento de Dios, en el camino todavía en marcha de la salvación del mundo. SS. Juan Pablo II

El Rosario salva a los cristianos. SS. Clemente VIII

El Santo Rosario es el remedio más conveniente y eficaz para obtener la ayuda materna de la Virgen. SS. Pío XII

En el Rosario he hallado los atractivos más dulces, más suaves, más eficaces y más poderosos para unirme con Dios. Santa Teresa de Jesús

En la Sagrada Escritura encontramos pocas palabras de la Virgen, pero son como granos de oro puro: si los fundimos con el fuego de una amorosa contemplación, serán suficientes para irradiar sobre toda nuestra vida el esplendor luminoso de las virtudes de María. Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein

Es la hora del triunfo de Cristo, por María. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

Este mundo no nacerá para Cristo sino por María. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

"En el amor a María, nuestro modelo es Jesús". Ricardo Zimbrón Levy, M.Sp.S

En el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Juan Pablo II

En Ti, de Ti, por Ti, por tu medio, ¡oh María!, restauró la bondadosa mano del Omnipotente todo cuanto había perecido. San Bernardo

Entre todos los homenajes que se deben a la Madre de Dios no conozco ninguno más agradable que el Rosario. San Alfonso María Ligorio.

Es casi imposible ir hacia Jesús si no se va por medio de María. San Juan Bosco

Es la dulce dependencia de nuestro corazón, sin la cual “el conocimiento de Cristo es sólo especulación” Thomas Merton

Estamos en este mundo como en un mar borrascoso, como en un destierro, en un valle de lágrimas. María es la estrella del mar, el consuelo de nuestro destierro, la luz que nos indica el camino del cielo enjugando nuestras lágrimas. San Juan Bosco

“Figura y modelo de la Iglesia” Conc. Vaticano ll

"Gánese desde esta vida, en el corazón de María, el puesto que quiere ocupar en él durante toda la eternidad. Ricardo Zimbrón Levy, M.Sp.S

He experimentado constantemente en mi vida la presencia amorosa y eficaz de la Madre del Señor; María me acompaña cada día en el cumplimiento de la misión del Sucesor de Pedro. Juan Pablo II

Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti. Santa Teresa de los Andes

Humillémonos diciendo como María: he aquí tu siervo, he aquí tu sierva, Señor, haz de mí lo que quieras. Humillémonos y la Sabiduría eterna bajará a habitar en nuestro corazón. Miguel de Unamuno

Jamás será tenido por buen cristiano quién no reza el Rosario. San Antonio Mª Claret

"...la bondad divina ha realizado este plan para redimir al género humano: por medio de un hombre, nacido de una sola mujer, a los hombres les ha sido restituida la vida". San Fulgencio di Ruspe

La contemplación de Cristo tiene en Maria su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido de su vientre donde se ha formado, tomando de Ella una semejanza humana, que evoca una intimidad espiritual más grande todavía. SS. Juan Pablo II

La devoción a la Virgen es la llave del Paraíso. San Efrén

La devoción a María es la fuente principal de la renovación de la vida cristiana. Pío XII

La devoción a María es señal de salvación eterna. San Bernardo

La devoción a María es señal cierta de predestinación. Amemos, pues a María, invoquemos a María, honremos y obsequiemos a María Madre de Dios y Madre de mi alma, Madre mía de mi corazón. Autor desconocido

La familia nunca es tan familia como el día de la Madre; la Iglesia nunca es tan Iglesia como el día de la Madre, de la Madre de Cristo y Madre nuestra también... así lo sentimos todos: los indiferentes no menos que los fervientes... El mes de María en todas las Iglesias... esas colas interminables de fieles, de hombres, de gente alejada que siente en su corazón tal día como hoy la nostalgia del hogar. Es la Madre y aquí viene María también como cuando pequeños a descansar en su regazo, ¡qué día de tantas emociones para los hijos; de tantas alegrías en el cielo..., porque en el cielo hay alegrías suplementarias... En verdad os digo que más alegría en el cielo por un pecador... que por tantos... San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

La Humanidad ascendiendo a Dios la simboliza María, ascendiendo a Dios ayudada de su gracia; Cristo es Dios descendiendo a la humanidad, a María. Miguel de Unamuno

La Iglesia no existe sin Maria, la Madre de Dios. Su grandiosa y discreta presencia aportará a la nueva teología el auténtico gusto de Cristo y de la fe. Cromazio D'Aquileia

La Inmaculada Concepción de María Santísima: al deseo ardiente de no poner obstáculo entre Dios y mi alma, nada que sea pecado, ni mortal ni venial, ha de tener esta actitud; no por temor, sino por amor a nuestro Padre Dios cuya ley ha escrito Él en nuestras almas y a cuyo cumplimiento nos está cada día invitando con suavidad infinita. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

La mejor y más agradable devoción a la Virgen María es aquella que practicamos con perseverancia. San Juan Berchmans

La plegaria del Rosario es oración del hombre en favor del hombre: es la oración de la solidaridad humana, que refleja el espíritu y las intenciones de la primera redimida: María. SS. Juan Pablo II

La protección de María es más grande y poderosa de lo que podemos nosotros entender. San Germán

“la salvación del mundo depende del conocimiento que le ofrezcamos de María, y de la confianza en su intercesión que promovamos en las almas” San Alfonso María de Ligorio

La Santísima Virgen enseña que el Santo Rosario es una oración particularmente querida a su corazón tan humilde en apariencia, pero tan llena de su fruto sobrenatural. Cardineau

La Ssma. Virgen es el modelo más perfecto de nuestro sexo. ¿No vivió Ella siempre en una continua oración, en el silencio, en el olvido de lo de la tierra? Santa Teresa de los Andes

La Virgen María es el camino, que nos lleva a la fuente de esperanza, que es Dios mismo. Cardenal Renato Raffaele Martino

La Ssma. Virgen ha sido mi compañera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor. Santa Teresa de los Andes

¡La Virgen! El amor a la Virgen es lo único que llena, lo demás…yo no comprendo que haya almas a las cuales la Virgen les sea indiferente y no vivan de Ella, pues se complican mucho la vida. Ven. Teresita González Quevedo

La Virgen ha sido como una iglesia móvil para Jesús y por eso todas las cualidades de la Iglesia se aplican a María. Ella contiene dentro de sí de manera eminente la religión de la Iglesia. Jean-Jacques Olier

La Virgen María ha sido el medio por el cual se unió la naturaleza divina con la humana... Muy acertadamente se la llama mediadora. Miguel de Bolonia

La Virgen María me enseñó que el silencio es acción hecha oración, y que debe practicarse continuamente. Alicia Beatriz Angélica Araujo

La Virgen guardaba estas cosas en su corazón". Toda su vida se puede resumir en estas pocas palabras. Vivía en su corazón, a tal profundidad, que la mirada humana no la puede seguir. Beata Isabel Trinidad

La Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, aquietará tu corazón, cuando te haga sentir que es de carne, si acudes a Ella con confianza. San Josemaría Escrivá de Balaguer

"...la Virgen se ha convertido verdaderamente en madre de los vivientes mediante la gracia, Ella que era madre de quienes por naturaleza estaban destinados a la muerte". San Pedro Crisólogo

La virtud perfecta es la de Nuestra Señora, y es impío pensar que tuvo dificultad en su castidad, paciencia...... por tanto el mérito no depende de la dificultad sino del amor. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

Las cuentas del Rosario, son escaleras, para subir al cielo las almas buenas". Autor desconocido

La Iglesia camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos recorriendo el itinerario realizado por la Virgen María. SS. Juan Pablo II

Las madres de la tierra no abandonan nunca a sus hijos. Del mismo modo María, que ama tanto a sus hijos durante la vida, con cuánta ternura, con cuánta bondad acudirá a protegerlos en sus últimos instantes, cuando mayor es la necesidad. San Juan Bosco

Le voy a robar las Palabras a María. También yo voy a decir que Sí: <<hágase en mí lo que quieres Tú>>. Álvaro Ginel

Los Padres de la Iglesia primitiva, con mucha razón llamaron a María el “cuello” del Cuerpo Místico de Cristo. La conexión de la humanidad con Cristo se verifica por María, que “profundiza la visión divina” (G.Weigel,S.I.).

Madre, dime, yo te escucho. Martín Breton

¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha. San Josemaría Escrivá de Balaguer

María, además de ser la Madre cercana, discreta y comprensiva, es la mejor Maestra para llegar al conocimiento de la verdad a través de la contemplación. Juan Pablo II

María Auxiliadora ha obtenido y obtendrá siempre gracias especiales, y aun extraordinarias y milagrosas, para los que ayudan a dar educación cristiana a los jóvenes en peligro con obras, consejo, buen ejemplo o simplemente con la oración. San Juan Bosco

María en Nazaret es el modelo de las almas sencillas cuya sola grandeza reside en lo interior. Padre Tomás Morales

María es Corredentora en el orden de la salvación. Es medianera en el orden de la gracia. Antoniutti

María es, de los misterios cristianos, el más dulce. La virgen es la sencillez, la madre la ternura. De mujer nació el Hombre Dios, de la calma de la humanidad, de su sencillez.

Miguel de Unamuno

María es el cáliz viviente que llevó a Jesús hecho hostia en su vientre. Autor desconocido

María es el depósito de la gracia, llena de ella, vaso espiritual, vaso insigne de devoción, madre de la divina gracia. Miguel de Unamuno

María es Eva antes del pecado, la humanidad tal como salió de las manos del Creador, antes de que el mundo la hubiese corrompido, la humanidad ideal. Miguel de Unamuno

María es la aurora que precede el surgir del Sol de justicia, Cristo nuestro Redentor. Con el “sí” de la Anunciación, al abrirse totalmente al proyecto del Padre, acogió y tornó posible la encarnación del Hijo. SS. Juan Pablo II

María es la dispensadora de todas a las gracias y la gracia de nuestra salvación viene por sus manos. San Bernardino de Siena

María es la esclava misteriosa por la cual Dios baja a la tierra y los hombres suben al Cielos. San Fulgencio

María es la “gracia instrumental del Espíritu Santo” A.Pacios, M.S.C.

María es la mujer del Amén a Dios, es la mujer del Sí. J.A. Espinosa.

María, mujer fuerte, atenta y abierta a los planes de Dios

María, de voluntad firme, de corazón grande, de respuesta madura María, confiada en Dios, con capacidad de entrega María, mujer de fe, pendiente siempre de los labios de Dios María, clara como el agua, sin complicaciones ni recobecos María, maestra del silencio, profesora de las palabras válidas. Autor desconocido

María es como el nudo de la vida cristiana: en ella se concentran las oraciones de los fieles para llegar al Señor y por ella pasan las gracias del Señor para derramarse sobre los hombres.

Miguel de Unamuno

María es para el alma como el oratorio del corazón, para hacer en él todas las oraciones a Dios. San Luis María Grignion de Montfort

María es la humanidad ascendiendo por la humildad y la obediencia, a Dios. Por esto Dios descendió a ella, y en ella, en la humanidad que sube a lo divino, se encarnó Jesús, que es la Divinidad que desciende a lo humano.

Miguel de Unamuno

María es la respiración del alma. Invocarla a menudo es señal de vida. Autor desconocido

María es llena de gracia, Madre de Misericordia. Luego sus hijos, los más pobrecitos y necesitados, hemos de participar más que todos de su gracia y misericordia. ¿Y quién más necesitado que el pecador?. Autor desconocido

María es Madre de Dios, porque de ella nació Jesús, Hijo de Dios. Autor desconocido

María es Madre de Dios y Madre nuestra, Madre poderosa y piadosa, que desea ardientemente llenarnos de favores celestiales. San Juan Bosco

María es mujer « eucarística » con toda su vida. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia

María es nuestra esperanza. Martín Bretón

María es nuestra guía, nuestra maestra, nuestra madre. San Juan Bosco

María es nuestra Madre, la causa de nuestra alegría. Por ser Madre, yo jamás he tenido dificultad alguna en hablar con María y en sentirme muy cercana a Ella. Madre Teresa de Calcuta

"María es nuestro modelo, especialmente en su cooperación a la gracia, con que Dios la había enriquecido" Beata Savina Petrilli

María es Profetiza de su propia Bienaventuranza, por eso hoy y siempre veneraremos su gracia divina. Francisco M. Campos Zavaleta

María es un monumento de caridad, maestra de todas las virtudes. Es nuestro modelo. Chiara Lubich

"María estaba llena de gracia, de la misma gracia que también a nosotras nos inunda; vivía de la gracia y por ella se dejaba guiar; la meditaba para comprender su significado, y por todos estos motivos era humilde, casta , fuerte, llena de fe, plena e intimamente unida a Dios en espíritu de adoración; su fidelida d fue inviolable, y su título más augusto, en cuanto al mérito, es el de Virgen Fiel" Beata Savina Petrilli

María fue concebida sin la menor mancha por la gracia de Dios poderoso porque Dios habiéndola escogido desde toda la eternidad para ser su Madre no ha permitido ni querido que su bendito germen fuera un solo instante mancillado o concebido en pecado. María de Santa Teresa Petyt

María fue elegida entre todas las mujeres para ser la Madre del Redentor y adornada con todas las gracias y privilegios que corresponden a la divina maternidad, como porque María, la esclava del Señor, prestó oído atento a la Palabra del Señor y ordenó su vida en conformidad con aquella divina Palabra. Alfonso Milagro

María fue tan sumisa a la voluntad divina, que por la blandura con que se dejó modelar es llamada “forma Dei: molde de Dios” San Agustín

María quiere la realidad y no la apariencia. San Juan Bosco

María le dio la vida a Quien es La Vida. Autor desconocido

María le enseñó a dar los primeros pasos a Quien es El camino. Autor desconocido

María lo contempla, lo acaricia y lo arropa, interrogándose sobre el sentido de los prodigios que rodean el misterio de la Navidad. Su Santidad Juan Pablo II

“María lo ha hecho todo entre nosotros” San Marcelino Champagnat

María, Maestra de oración. —Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. —Y cómo logra. —Aprende. San Josemaría Escrivá de Balaguer

María, mulier fortis, pasó su vida diciendo sí al Dios que se fijó en ella y que la eligió para madre de un Dios y hombre verdadero. María, la elegida, iba guardando en su corazón la mirada de su Hijo, y a cada imagen de su retina iba diciendo sí. Sencillamente, sí. Carlos Díaz

¡María no es el centro, pero esta en el centro! San Luis María Grignion de Monfort

María no es una mera ayudante. Es cooperadora y compañera. Participa en el reino exactamente igual a como participó en los sufrimientos del Señor por el género humano. San Alberto Magno

María no hace las cosas sólo a medias. San Juan Bosco

María, no pudiendo crear al hombre ya creado por nosotros, cooperó con nosotros a recrearlo mediante la encarnación de mi Verbo en ella. En consecuencia concurrió a dar la paz haciendo a la criatura capaz de recibir su visión beatífica y su glorificación. Santa María Magdalena de Pazzi

María, nombre de variadas irisaciones al compás cambiante de la vida, aprendido cuando el corazón era limpio, nunca olvidado. Profundo misterio de fe, tan cercano e íntimo, aurora que anuncia el día, causa de nuestra alegría, vida, dulzura, esperanza nuestra ¡oh, santa Madre de Dios!, ¡Ave, María! José Ignacio Tellechea

María nos asegura que si somos devotos suyos, nos tendrá como hijos suyos, nos cubrirá con su manto, nos colmará de bendiciones en este mundo para obtenernos después el Paraíso. San Juan Bosco

María Santísima. La más bella criatura... Objeto toda ternura... pero su misión no es ser Ella el centro culto, sino llevarnos a Cristo y por Él al Padre... San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo.—Aprende de Ella a vivir con "naturalidad. San Josemaría Escrivá de Balaguer

María Santísima, maestra insuperable de contemplación. Juan Pablo II

María Santísima protege a sus devotos en todas las necesidades, pero los protege especialmente en el momento de la muerte. San Juan Bosco

María santísima siempre nos ha hecho de madre. San Juan Bosco

María tiene una dignidad infinita por ser Madre de Dios. Autor desconocido

Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor. SS. Juan Pablo II

Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús. Santa Teresa de los Andes

“Mirto de templanza, rosa de paciencia, nardo fragante. Valle de humildad, tierra respetada por el arado y abundante en cosechas. Cristo, flor de los campos, el bello lirio de las cañadas, ha nacido de Vos” Salve Mater Salvatoris, obra de Adam de san Víctor, cantada en París en la fiesta de la Asunción

Modelo de cooperación: María como Madre no quiere condecoraciones ni honras, sino prestar servicios. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

More en todos nosotros el espíritu de María, para que de él recibamos la vida; y permaneciendo en nosotros su espíritu lleve a efecto obras buenas pudiendo vivir de su mismo espíritu. Miguel de San Agustín de Hipona

“Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas”. San Bernardo

Mundo de santos: a eso estamos llamados. Y esa ha sido siempre la misión de María con Jesús, tal vez por eso que su presencia incluso sensible en medio de nosotros se hace cada vez mayor: apariciones, milagros, y ese milagro de ese mar que se mueve bajo su influjo a la invocación de su nombre. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

Nada igual a María; nada mayor que María sino sólo Dios. San Anselmo

Nadie invocó a María que no haya sido favorecido. De María recibe el cautivo redención, curación el enfermo, consuelo el afligido, el pecador perdón, el justo gracia, el Ángel alegría. San Bernardo

No descansaré hasta haber logrado un tierno amor hacia mi dulcísima Madre María. San Juan Berchmans

No es verdadera devoción a la Santísima Virgen rezarle muchas oraciones, pero mal dichas, sin darnos cuenta de lo que decimos. San Luis Grignon de Montfort

No hay en María dureza alguna, nada que pueda Ella retraernos; es toda dulzura y suavidad. San Bernardo

No hay piedad mariana que termine en María, pero sí rasgo distintivo, por María ir a Cristo y consagración de nuestra vida a María para que Ella la presente a Jesús. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

No se atemoricen ante la nueva vida que se les presenta, pues siendo hijas de María, la Virgen las cubrirá con su manto. Santa Teresa de los Andes

"Nuestra devoción a María Santísima debe tener este carácter: hacernos semejantes a Jesús, como ella misma era un espejo de la santidad divina" Beata Savina Petrilli

"Nuestra Virgen del Rosario, nuestra divina pastora, por donde quiera que va, todo lo llena de gloria" Dicho popular

Nuestro Señor murió por los paganos que no le conocieron. Su Madre intercede por los Cristianos que no le conocen. Cardenal Newman

Nunca podremos imaginar lo grande que es María! Está toda revestida de la Palabra de Dios. Chiara Lubich

"Oh excelente belleza, oh mujer que eres la imagen de la salvación, potente por causa del fruto de tu parto y que gustas por tu virginidad, por tu medio la salvación del mundo se ha dignodo nacer y restaurar el género humano que la soberbia Eva ha traído al mundo". San Venancio Fortunato

¡Oh María! Quien te mira se queda reconfortado en todos sus dolores, tribulaciones y penas y vence todas las tentaciones. Quien no sepa lo que Dios es, que recurra a ti, ¡oh María! Quien no encuentre misericordia en Dios, que recurra a ti, ¡oh María! Quien no se conforme con la voluntad de Dios, que recurra a ti, ¡oh María! Quien sienta desfallecer, que recurra a ti que eres fortaleza y poder.

Quien se encuentra en una lucha continua, que recurra a ti que eres un mar pacífico . Quien se encuentre en tentación, que recurra a ti que eres madre de humildad y no hay nada que ahuyente tan fácilmente al demonio como la humildad. Que acuda a ti, que acuda a ti, ¡oh María!

Santa María Magdalena de Pazzi, I Coloquio

¡Oh! ¡Que maravilla de la gracia del Santo Rosario!¡Poder escapar del mundo, del demonio, de la carne y salvarte para el Cielo!. San Luis María Grignion de Montfort

Oigamos a María para que nos enseñe, como hizo con su Hijo Jesús, a ser mansos y humildes de corazón, y de esta manera poder dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos. Madre Teresa de Calcuta

Os dejo como mi testamento el rezo del Santo Rosario todos los días. San José de Calasanz

“Paraíso celeste, cedro no tocado por el hierro y que esparce su dulce hálito. En Vos está la plenitud del esplendor y de la belleza, de la dulzura y el perfume” Salve Mater Salvatoris, obra de Adam de san Víctor, cantada en París en la fiesta de la Asunción

Pero, el que ama a María, querrá imitarla en todo, y, como Ella, procurará hacer conocer y amar a su hijo Cristo, marchando al apostolado de las almas, apostolado que se hace hoy más necesario que nunca porque vemos a los países y a los individuos que atraviesan por horribles crisis, religiosa, moral y económica. San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

Pide al Señor cuantas gracias se te ocurran; no esperes alcanzarlas si no media la intercesión de la Santísima Virgen. San Cayetano

Pídele a la Ssma. Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida. Santa Teresa de los Andes

Por eso aunque sea legítimo el acceso directo a Cristo, los congregantes marianos creen interpretar fielmente el pensamiento de Cristo al ir a Él por medio de María y por eso la hacen a Ella centro especial de su culto, de un amor; su acceso a la congregación significa una ratificación expresa de su consagración a Ella como Reina, como Madre, como La Mediadora... San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J

"Por medio de la Virgen Eva entró la muerte; era necesario que por medio de una virgen, es decir, de la Virgen, viniera la vida...". San Cirilo de Jerusalén

Prescindir de María es cerrar una puerta para la labor, siempre difícil, de descubrir a Dios. Jaume Camprodón

Proponte como modelo a la Virgen, cuya pureza fue tal, que mereció ser Madre de Dios. San Jerónimo

Pueblo castellano, el frío de fuera nos recoge en casa.

Mi madre y mi abuela rezan el rosario.

Los niños jugamos. La leña crepita en la chimenea,

corean las llamas las avemarías, ronronea el gato.

Se queda María, cena con nosotros.

Llegan los obreros, abren los batanes y las hilaturas, comienza la fábrica y el trabajo diario.

Al son de las máquinas se reza el rosario.

La Virgen sonríe, nos bendice a todos. María Dolores de Miguel

Qué mujer ha tenido la capacidad de entrega que tuvo María? ¿Qué mujer ha sido por eso más mujer? Se explica que, cuando la novelista Gertrude von le Fort pasa revista a las cualidades específicamente femeninas, acabe en la conclusión de que la perfección de esas cualidades está en María, en quien por eso la Mujer ideal, por la que se pregunta la novelista, ha tenido su realización histórica, única e irrepetible. José María García Escudero

Quien confía en María no se sentirá nunca defraudado. San Juan Bosco

Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con Maria el rostro de Cristo. Nadie se ha dedicado como Maria, a la contemplación de Cristo. SS. Juan Pablo II

Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la "escuela" de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje. SS. Juan Pablo II

Recurramos a María y como hijuelos suyos echémonos en su regazo en todo tiempo y necesidad con firmísima confianza: invoquémosla, honrémosla, imitémosla, y tengamos para tan dulce Madre un afecto verdaderamente filial. San Francisco de Sales.

Si estás orgulloso de ser hijo de Santa María, pregúntate: ¿cuántas manifestaciones de devoción a la Virgen tengo durante la jornada, de la mañana a la noche? San Josemaría Escrivá de Balaguer

Si Jesús es el manantial de la vida que vence a la muerte, María es la madre cariñosa que sale al paso de las expectativas de sus hijos, obteniendo para ellos la salud del alma y del cuerpo. Juan Pablo II

Si tienes por delante una tarea difícil, o pesada, pídele a María Santísima que te asista, y verás con que prontitud y perfección la llevas a buen término. Alicia Beatriz Angélica Araujo

Se ha dicho que su brillo eclipsa el de todos los santos, así como el sol, al aparecer la aurora, hace desaparecer las estrellas. ¡Dios mío, cuán extraño es esto! ¡Una Madre que ofusca la gloria de sus hijos! Yo pienso todo lo contrario; creo que aumentará, pero en mucho, el esplendor de los escogidos... ¡La Virgen María! ¡Cuán sencilla me parece debió ser su vida. Santa Teresa del Niño Jesús

Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús! San Pío de Pieltrecina

Sean dichosos aquellos que, día a día, con generosidad inagotable acogen tu invitación, oh Madre, a realizar lo que dice tu Jesús. Juan Pablo II

Sedes Sapientiae, Sede de la sabiduría: Así, de la sabiduría. No de la ciencia. Así, asiento de sabiduría, María, misterio de humildad y de amor, es el asiento de toda sabiduría. Pasan los imperios, las teorías, las doctrinas, las glorias, mundos enteros, y quedan en eterna calma la eterna Virginidad y la eterna Maternidad, el misterio de la pureza y el misterio de la fecundidad. Sede de la Sabiduría, ruega por nosotros. Miguel de Unamuno

Ser la Palabra viva significa revivir en la tierra a María. Chiara Lubich

Si deseáis paz en vuestros corazones y en vuestros hogares, rezad diariamente el Santo Rosario. San Pío X

Si quieres ir al cielo, no te olvides que María es la puerta. Autor desconocido

Si se elimina a María de la Crucifixión, no se muestra fielmente aquel acontecimiento, y en consecuencia no será comprendido debidamente. Faber

Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la estrella del Mar: ¡invoca a María!. San Bernardo

Si ustedes desean asistir a la Sagrada Misa con devoción y obtener frutos, piensen en la Madre Dolorosa al pie del Calvario. San Pío de Pieltrecina

Sin el Hijo de Dios, nada podría existir; sin el Hijo de María, nada podría ser redimido. San Anselmo

Son inmensos los beneficios que recibe el pueblo cristiano por el Rosario. SS. Urbano IV

Tal es la voluntad de Dios, que quiso que todo lo tuviéramos por María. San Bernardo

Toda la gracia que Dios había derramado en los hombres la concentró en María, símbolo de la humanidad santificada. Miguel de Unamuno

“Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús” San Marcelino Champagnat

Todo el que reza el rosario con fervor, tiene que sentir el Amor de Dios. Martín Breton

Todo lo tenemos en María. Si somos hijos, es Madre: si débiles, es fuerte; si ignorantes, es rrono de sabiduría; si tristes, es causa de nuestra alegría; si necesitados, es Madre de la gracia. Santa Francisca Chantal

Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. —No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Todos reciben de la plenitud de María: absolución el culpable y gracia el justo, gozo el ángel y gloria la Trinidad entera. San Bernardo

Tres paraísos ha criado Dios: uno para el hombre en estado de inocencia, paraíso terrenal; otro para el hombre en gracia, paraíso del cielo, y otro para sí mismo, María, paraíso de Dios. Autor desconocido

Un apoyo grande para vosotros, un arma poderosa contra las insidias del demonio la tenéis, queridos jóvenes, en la devoción a María Santísima. San Juan Bosco

Una madre es algo tan grande y tan hermoso que hasta Dios mismo quiso tener una.....María! Autor desconocido

“Ven, riquísima gota del eterno rocío, para empapar el terreno seco de mi corazón”. San Trudperto, “Cantar de los Cantares”

“ Verdaderamente, ella fue fuerte y tierna, dulce y firme a la vez, olvidada de sí misma y generosa con nosotros. A Ella es a quien conviene amar y reverenciar por encima de todas las cosas, después de la Trinidad Suprema” San Buenaventura

 

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